Cuando llorar, por Clarice Lispector

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Hay un tipo de llanto bueno y hay otro malo. El malo es aquel en el que las lágrimas corren sin parar y, sin embargo, no dan alivio. Sólo escurren y se agotan. Una amiga, entonces, me preguntó si no sería ese llanto como el de un niño con la angustia del hambre. Sí. Cuando se está cerca de ese tipo de llanto, es mejor buscar contenerse: no servirá de nada.Es mejor intentar hacerse fuerte y enfrentar. Es difícil, pero aun menos que ir quedando exangüe hasta el punto de empalidecer.Pero no siempre es necesario hacerse fuerte. Tenemos que respetar nuestra debilidad. Entonces, son lágrimas suaves, de una tristeza legítima a la que tenemos derecho. Ellas corren despacio y cuando pasan por los labios se siente ese gusto salado, límpido, producto de nuestro dolor más profundo. Que el hombre llore, conmueve. Él, el luchador, reconoció su lucha aveces inútil. Respeto mucho al hombre que llora. Yo vi a un hombre llorar.

Clarice Lispector – Extraído de: Descubrimientos. Crónicas Inéditas

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