Un día como hoy, Girondo

Por: Angie Pagnotta

Según las efemérides, un día como hoy pero de 1967, moría Oliverio Girondo en Buenos Aires. Autor, entre otras obras, de Veinte poemas para leer en el tranvíaPersuasión de los días y En la másmedula ,su último libro. Girondo nació en 1891 en Buenos Aires y bajo el ala de una familia adinerada. Ésto le permitió viajar desde muy chico y entonces, poder estudiar en Inglaterra y París. Llegó a la literatura desde muy joven. Colaboró en revistas de vanguardia como Prisma, Proa, Martín Fierro y Sur, la editorial y revista de Victoria Ocampo.Se hizo amigo de muchos escritores como  Pizarnik, Neruda y Lorca.

En un almuerzo organizado en 1926 en honor al escritor Ricardo Güiraldes, conoció a Norah Lange, poeta con la cual se casó en 1943. Sin embargo este hecho no es liviano, porque involucra a nuestro amigo Borges. Fabián Casas la resume así: Girondo, como lo cuenta Williamson, fue involuntariamente clave en la evolución de la obra de Borges. En 1926 se dio una fiesta en honor de Ricardo Güiraldes, en los lagos de Palermo. Norah Lange, que era conocida como la protegida de Borges, llegó con éste. Pero se sentó cerca de Girondo, en ese entonces un extrovertido poeta vanguardista que acababa de llegar de París. Mientras comían, Norah, sin querer, tiró una botella de vino y Girondo se acercó y le dijo: “Parece que va a correr sangre entre nosotros”. En ese momento la señorita Lange se enamoró perdidamente de Girondo y fue éste quién la llevó después a su casa.

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A Oliverio también le gustaba pintar, y en 1950 empezó a realizar cuadros un tanto surrealistas que nunca llegó a exponer. Su último libro, En la masmédula, es un intento de expresión absoluta. Al respecto, Enrique Molina señaló: “Hasta la estructura misma del lenguaje sufre el impacto de la energía poética desencadenada en este libro único. Al punto que las palabras mismas dejan de separarse individualmente para fundirse en grupos, en otras unidades más complejas, especie de superpalabras con significaciones múltiples y polivalentes, que proceden tanto de su sentido semántico como de las asociaciones fonéticas“. Lamentablemente, en 1961 sufrió un grave accidente que lo dejó imposibilitado físicamente, y seis años después, falleció.Su escritura mantiene ironía, altibajos y en cierta medida se propaga como un equilibrio entre lo sutil y lo literal. Sus poemas son una pincelada que nos muestra -de alguna manera- el mundo de costumbres de la época, entre los años 20 y 50.

Girondo oliverio

Sea como fuere, la literatura de Girondo es -a mi gusto- genial. Tiene roces, matices y formas que no sólo eran excéntricas para la época, sino que también al día de hoy, algunas pueden ser vistas como “curiosas”. Por eso, desde Revista Kundra, bancamos a Oliverio y su legado. En este día, y cualquier día lo recordamos y por eso dejamos un texto de puño del autor.

9

¿Nos olvidamos, a veces, de nuestra sombra o es que nuestra sombra nos abandona de vez en cuando?

Hemos abierto las ventanas de siempre. Hemos encendido las mismas lámparas. Hemos subido las escaleras de cada noche, y sin embargo han pasado las horas, las semanas enteras, sin que notemos su presencia.

Una tarde, al atravesar una plaza, nos sentamos en algún banco. Sobre las piedritas del camino describimos, con el regatón de nuestro paraguas, la mitad de una circunferencia. ¿Pensamos en alguien que está ausente? ¿Buscamos, en nuestra memoria, un recuerdo perdido? En todo caso, nuestra atención se encuentra en todas partes y en ninguna, hasta que de repente advertimos un estremecimiento a nuestros pies, y al averiguar de qué proviene, nos encontramos con nuestra sombra.

¿Será posible que hayamos vivido junto a ella sin habernos dado cuenta de su existencia? ¿La habremos extraviado al doblar una esquina, al atravesar una multitud? ¿O fue ella quien nos abandonó, para olfatear todas las otras sombras de la calle?

La ternura que nos infunde su presencia es demasiado grande para que nos preocupe la contestación a esas preguntas.

Quisiéramos acariciarla como a un perro, quisiéramos cargarla para que durmiera en nuestros brazos, y es tal la satisfacción que nos acompañe al regresas a nuestra casa, que todas las preocupaciones que tomamos con ella nos parecen insuficientes.

Antes de atravesar las bocacalles esperamos que no circule ninguna clase de vehículo. En vez de subir las escaleras, tomamos el ascensor, para impedir que los escalones le fracturen el espinazo. Al circular de un cuarto a otro, evitamos que se lastime con las aristas de los muebles, y cuando llega la hora de acostarnos, la cubrimos como si fuese una mujer, para sentirla bien cerca de nosotros, para que duerma toda la noche a nuestro lado.

OLIVERIO GIRONDO.

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