#Entrevista | Macarena Moraña y su mirada artística frente a la vida

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Macarena Moraña es escritora y una gran lectora. Coordina talleres y habla de literatura en dos radios: tiene una columna en Radio Madre (la radio de Madres de Plaza de Mayo) en el programa Al carajo los jueves a las 21hs y es columnista en Radio Sur.

En una entrevista a propósito de su reciente y primera novela publicada Los escarabajos (Alto Pogo, 2015) dijo que para escribir es necesario “ir por la vida con una mirada más artística” Sin dudas, Macarena es alguien que ha logrado lo que recomienda: hacer de su mirada frente a la vida, arte, y de la mejor. Su opera prima es la mencionada novela ambientada en los noventa donde un grupo de amigos forman una banda que hace covers de Los Beatles e intenta sobrevivir en un mundo que se despedaza minuto a minuto. Inscripta en la mejor tradición de los escritores que dirigen su prosa como si tuvieran una cámara en la mano, el lector transita el mundo de los personajes codo a codo con ellos.

Revista Kundra conversó con Macarena Moraña sobre su historia, su presente y su futuro en relación a la literatura, que parece ser también, gran parte de su vida.

¿Cómo llega la literatura a tu vida? ¿Cómo fueron tus primeras experiencias de lectura y escritura?

En mi casa había muchos libros, mis papás eran muy lectores y nos inculcaron la lectura desde chicos. Nos regalaban libros y más libros, muchos por suerte los conservo. Recuerdo con mucho afecto la lectura de los libros de lomo rojo de la colección Billiken, los amarillos de Robin Hood y también los de María Elena Walsh. Creo que el libro que más veces leí en mi vida es Dailan Kifki. También recibíamos la revista Billiken. Me vienen a la cabeza Mujercitas, Tom Sawyer, Los Hollister. Siempre nombro el libro Papaíto piernas largas, de Jean Webster, porque me fascinó su forma, una historia contada a través de cartas. Después de leerlo siempre me sentaba a escribir una carta. La escritura del diario intimo y de la agenda fueron fundamentales. Al día de hoy sostengo que no hay ejercicio mejor que el del diario, el de la escritura periódica

¿Qué lugar ocupa la literatura en tu vida hoy?

 

Físicamente el estante que funciona como mesa de luz, cinco bibliotecas de tamaños variados, y cualquier rincón de la casa que por milagro se haya liberado de juguetes, lápices de colores o telas floreadas. Emocionalmente ocupa un espacio confortable y apasionado. Hoy tengo la suerte de que casi todos mis trabajos estén relacionados con la literatura. Por suerte, leer y escribir son dos de mis más disfrutadas prioridades.

¿Cómo se enlazan radio y literatura para vos?

En las dos radios en las que tengo un espacio hablo de libros, autores, editoriales, hago entrevistas, reseñas. Me encanta, sueño con tener un programa cultural en el que hablar de pintura, teatro, libros. Vengo aprendiendo un montón, conocí mucha gente, entrevisté a escritores que admiro. Me siento muy agradecida tanto a Radio Sur como a Radio Madre.

¿Cómo influyó en tu trabajo ser integrante del taller de Saccomanno?

¡Bien! Guillermo Saccomano, siempre lo digo, sobre literatura sabe lo que nadie. Su caudal de lecturas no parece humano. Lo que más me quedó de sus clases es su concepto de escritor como artesano, como laburante. Coincido profundamente. Es un trabajo de paciencia, disciplina, tenacidad. No es sencillo ni es algo que te llueve de pronto como una epifanía. Eso solo te puede ocurrir si estás trabajando. En su taller nacieron Los escarabajos, el primer acercamiento, que llegó con la forma de un cuento largo. Después se abrió, se estiró, creció y me fui con todos mis personajes al taller de Iosi Havilio, a quien admiro mucho.

¿En qué momento decidís comenzar a coordinar talleres? ¿Hay algún tipo de retroalimentación entre tu tarea de transmisión del oficio y tu propia escritura?

Empecé a dar talleres por accidente y caradurez, dos constantes generales de mi vida. Hace más de diez años una amiga que quería escribir me insistió tanto que accedí y una vez que empecé no paré. Di clases en casas de cultura, en librerías, conté cuentos, y tengo mi propio taller. Me encanta dar clases, soy muy feliz haciéndolo, y la retroalimentación es constante. “No hay mejor modo de aprender que enseñando”, dijo Silvina Ocampo, y así es. Tener un espacio semanal o quincenal para escuchar textos propios y ajenos, para recomendar libros, para intercambiar tecnicismos, para sufrir en compañía por lo que no sale y para celebrar en equipo lo que por fin encontró su destino, no puede ser mejor.

¿Cambia de algún modo tu relación con la literatura a partir de la publicación de tu novela?

Este año también participé de una colección de libros del Ministerio de cultura, Leer es futuro, y creo que no es casualidad que las historias y los personajes hayan asomado la cabeza todos juntos, era una necesidad. No sé si cambió mi relación con la literatura, me parece que creció, que ahora la quiero mucho más, que me está dando otras cosas. El cambio mayor es que ahora me puede leer cualquier persona y antes mis lectores era mi gente cercana. Disfruto de eso, lo siento equivalente a una liberación. Esta buenísimo publicar cuando trabajaste tanto tiempo un proyecto. Es una consecuencia tangible, algo que nace, se plasma, se puede tocar y por supuesto leer. Es mágico. En el fondo, si me apurás, pienso que escribir una novela es un acto imposible que uno pretende naturalizar y que, aunque se logre, sigue siendo imposible.

 

 

Si  tuvieras que elegir los cinco escritores más influyentes para vos ¿Quiénes serían?

No me gustan este tipo de preguntas pero me la banco porque yo las hago siempre en la radio. Me circuncribo a escritores argentinos y digo: Roberto Arlt, Silvina Ocampo, Manuel Puig, Alejandra Pizarnik, César Aira.

¿Qué estás leyendo en este momento?

Releo Nadie nada nunca, de Saer, y lo matizo con cuentos de Ana Basualdo. Y ayer leí El alud, de Esteban Castromán, lo sentí como un recreo soleado y lisérgico.

¿Estás trabajando en algún proyecto nuevo?

Sí, en dos, que equivalen como a mil. Tengo escritos muchos cuentos y ando queriendo ordenarlos, rescribirlos, darles forma, misión que me resulta muy difícil. Puedo trabajar años sobre un cuento. Y también escribo una ¿novela? que surgió el año pasado en el taller del escritorarazo –te lo dije en cordobés- que es Federico Falco. Es la historia de una chiquita de familia acomodada, que va a pasar unas vacaciones a un campo y sus padres, por diferentes motivos, tienen que volverse a Buenos Aires y la dejan al cuidado de los caseros del lugar, unos perfectos desconocidos. Me viene bien trabajar varios relatos a la vez y no meter toda la energía en uno solo. Salvo contadas excepciones, como el proceso final de Los escarabajos, siempre ando escribiendo varias cosas, me ayuda a evitar la sensación de encierro. Por eso voy y vengo con enfrentamientos entre hombres de campo, una abuela que se muere ahora, ya, en un rato; y una chica a la que su novio engañó con una travesti días antes de la boda.

Los relatos crecen y se multiplican alrededor de Macarena. Quién haya leído Los escarabajos, sin dudas, esperará con ansias que toda esa explosión de historias llegue, por fin, a convertirse en papel impreso. Una escritora que conmueve de tal modo con una primera novela será siempre una invitación abierta a las lecturas por venir.

11998126_610390742432739_1168963635_nVICTORIA MORA: nació en Buenos Aires en 1979. Es psicoanalista, docente y narradora. Ha participado en jornadas y publicado trabajos entrecruzando psicoanálisis y literatura. En 2012 ganó el primer premio del concurso de cuentos de la Fiesta Nacional de las Letras de Necochea con su cuento “El último tren”.”Demasiado tarde” fue uno de los cuentos ganadores del Concurso literario Micaela Bastidas organizado por el INADI. En 2013 su cuento “Herencias” resultó uno de los ganadores del Concurso del 1° de Mayo organizado por la Casa de los trabajadores de Córdoba. Su cuento “Rescate” fue finalista y parte de la Antología del Certamen literario de Editorial Alma de diamante (2013). Fue finalista del II Concurso de cuento breve Osvaldo Soriano organizado por la facultad de Periodismo de la UNLP con su cuento “Huellas” (2014). Su microrrelato “Masacre” recibió una mención en el Concurso Provincial de Murales Literarios (2014). En 2014 publicó su primer libro de cuentos Un mundo oscuro por editorial Llanto de mudo. Colabora con las revistas digitales Kundra y Mercurio Contenidos.

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