#Semblanza | La génesis del mal en Antonio Di Benedetto o el cuento Amigo enemigo, por Esteban Galarza

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“Eran de mi padre y quedaron para mí. Quizá nunca los tocaré. Son dos cajones de libros de química antigua que alternan con cabalísticos, astrológicos y quirománticos. (…) Tienen algo de mi padre o él tenía algo de ellos, y yo nada tengo de él, excepto esto.
“Excepto esto y la mudez. No era mudo él, no. Pero fue por él. Yo tenía diecinueve años y estaba enamorado. Entré en el baño y ahí estaba mi padre, en la bañera, bajo la lluvia, sí; pero colgado del caño de la flor.”
“Amigo enemigo”, en Mundo animal (1953)

Kafka intuyó la maldad que se enquistaba en el mundo desde la Primera Guerra Mundial y la padeció a través de la culpa paterna y la burocratización de la humanidad; Camus atestiguó la apoteosis de lo maligno con los campos de concentración nazis; y Di Benedetto sufrió ambos tipos. La culpa y la herencia paterna abrieron interrogantes en su vida acerca del gen negativo en nuestro mundo. Esa búsqueda llegó a su fin cuando vivió en carne propia la maldad absoluta en prisión clandestina durante la última dictadura militar.

El epígrafe es un fragmento del cuento Amigo enemigo incluido en Mundo animal. Ese cuento es por sobre otros uno de los más representativos de las temáticas y obsesiones de Antonio Di Benedetto: la disolución, la confrontación, la culpa, la espera, el silencio, el suicidio. Todos esos fragmentos sueltos dan una idea cabal de lo que el cuyano entiende por el Mal en nuestros tiempos post Auschwitz.

El Mal es lo fragmentario hasta disolverse

En 1953 se edita Mundo animal, primer libro de Antonio Di Benedetto. Antes de esa publicación había coqueteado con la poesía pero sin dejar grandes cosas dignas de mención. Por esos días seguía en auge el regionalismo cuyano bajo la figura del poeta Américo Cali, aunque progresivamente la dinámica de los autores que adhirieron en un primer momento iba dejando de lado con timidez ése movimiento.

Di Benedetto se despegó de todo regionalismo con esa colección de cuentos y se aproximó al género fantástico que estaba en auge en Buenos Aires de mano de la Revista Sur de Victoria Ocampo y los autores de su círculo íntimo: Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, José Bianco, entre otros.

De todos modos los cuentos que escribió Antonio Di Benedetto poseían características distintas a lo que se esperaba de un autor novel. Si se aproximaba al género fantástico por la temática de corte grotesco, expresionista y siniestro; la animalización de los humanos y la humanización de los animales; los ambientes opresivos kafkianos; desconcertaba por otro lado al darle una estructura rigurosamente fragmentaria a todos sus relatos. Cada cuento se disolvía en sí mismo en pequeños cuadros que forman un crisol de situaciones que solo se aglutinaban porque llevaban un título que dividía uno de otro. Ésta escritura primaria fragmentaria fue repetida a lo largo de toda la obra y en una entrevista los días previos a su muerte el mendocino expuso su deseo de incluir en el tomo de sus cuentos reunidos a su primera novela, El Pentágono, pero diseminada a lo largo de todo el tomo sin orden fijo.

La voluntad de la escritura fragmentaria está unida directamente a la psiquis de los personajes de los cuentos y de los animales que pueblan las sucesivas colecciones desde Mundo animal en adelante. Los hombres están fracturados y carcomidos por la culpa o la asechanza de algo maligno; los animales no traen pureza porque o están domesticados, es decir, castrados y adecuados al reino de los hombres (perros, gatos, caballos, aves) o bien son seres viles (carroñeros, ratas, pestes, insectos). Lo fragmentario potencia lo maligno.

El Mal es una otredad

El otro es un falso ayudante, el otro solo nos trae violencia, desgracia y enemistad. Si el otro no es agresivo contra nosotros, nosotros lo seremos contra eso. En Amigo enemigo La violencia del padre ejercida contra sí mismo replica en el protagonista con tal contundencia que lo deja mudo. Ese círculo se cierra cuando aparece el pericote, una rata de agua de proporciones monstruosas que el protagonista decide domesticar. Éste animal, una rata de aguas, es oculto en un escritorio junto con los libros del padre suicida y ante el horror que le produce que deje de existir la herencia paterna lo alimenta con detritus. Pero se olvida del animal y un día, cuando entra a ese cuarto de proporciones kafkianas, la alimaña se libera y lo ataca. El tamaño de la bestia es monstruoso debido a la alimentación a base de basura y libros. El protagonista reacciona a tiempo y le clava una lapicera en el costado lo cual hace que el animal chille, se desangre y él recupere la voz pero quede ciego. Sin embargo el final no trae sosiego porque el animal huye hacia un canal de aguas inmundas, dejando tras de sí un rastro de sangre pútrida. Vuelve al útero de los traumas y las pesadillas, el vientre de madre muerta. El problema solo queda postergado. Antonio Di Benedetto tendrá luego prueba de que estaba en lo correcto.

                En éste primer ensayo en el que hay un ayudante necesario para afrontar la imposible soledad para luego volverse enemigo se verán las réplicas en cuentos posteriores como Enroscado, en el que un padre viudo no sabe cómo ganarse la confianza de su hijo, asustado como un animal y evidencia de su dolor de antaño; o Pez, escrito en cautiverio, en el que una mujer es atrapada por el cadáver de su esposo y el consuelo de sentirse acompañada por sus perros fieles se trastoca en horror cuando comprueba el instinto que nace en ellos.

El Mal es la herencia, la espera, el silencio

Hay en el cuento un juego muy perverso en el que el protagonista queda inmerso. Su vida se ubica entre la mudez y la ceguera. La primera castración se la da su padre y de él además hereda los libros inútiles. La segunda castración se la da la alimaña que él adopta y a la que, en un chiste oscuro, bautiza Guerra, la que “tiene los años de la humanidad y todavía más” tal como le aclara a una camarera. Es el protagonista un hijo desnaturalizado cuyo segundo nacimiento proviene de un padre suicida; es asimismo un mal padre porque adopta una alimaña a la que no cuida y a la que no duda en atacar para auto preservarse. La humanidad está quebrada.

Éste esquema de padres e hijos desnaturalizados por la tragedia se repetirá a lo largo de toda la obra dibendettiana, como en el cuento Enroscado de Cuentos claros (1957) en el que un padre se aliena del cuidado de su hijo al que ve más como una amenaza; o en Declinación y Ángel (1958), en el que la desidia de la madre es la causa de la tragedia del hijo; o en El cariño de los tontos (1961) en el que dos chicos con síndrome de down buscan ser padres infructuosamente y adoptan moscas mientras conviven con personas incapaces de amar. La reparación recién llegará en el cuento Onagros y hombres con renos, escrito en prisión y el cual es su mayor esfuerzo por restituir de sentido a un mundo inmerso en la maldad sin sentido: un padre y sus hijos son desterrados de toda humanidad y en condiciones prehistóricas viajan en un espacio indefinido procurando reencauzarse en un nuevo ser, un nuevo nacimiento.

Pero entre el crimen original y la restitución del orden del mundo hay tiempo vacío y un no espacio. En el cuento Amigo enemigo el protagonista ata su destino al del pericote, el cual llega en la hora onírica e imprecisa de la siesta, y lo alimenta con miga para que no destroce los libros del padre. La acción inútil de alimentar a la alimaña la realiza en un cuarto alquilado cuya proporción no queda nunca del todo clara así como tampoco se molesta Di Benedetto en aclarar durante cuánto tiempo lo alimenta. Solo se detiene en un pensamiento siniestro del protagonista a quien se le ocurre criar en ejército de pericotes y lanzarlo contra todos aunque, aclara, en el fondo no quiera hacerle mal a nadie.

Ese fluctuar entre hacer y no hacer entre el mal y el no mal es el silencio, una de las tres grandes obsesiones de Antonio Di Benedetto junto con la espera y el suicidio. Pero el silencio no debe entenderse como calma sino como aturdimiento, como ausencia de sentido y como castración. El tema lo retomará con toda su profundidad en su novela El silenciero, en la que todo el drama se resume en el párrafo inicial: “La cancel da directamente al menguado patio de baldosas. Yo abro la cancel y encuentro el ruido”. Tras la expulsión del interior solo hay caos.

La única vez que actúa el protagonista de Amigo enemigo no es por propia voluntad sino que es la respuesta al ataque del pericote. La acción violenta que hiere de muerte al animal en el lomo y que produce un chorro de sangre “mugriento, curvo, decadente pero continuo en su manar” expulsa de la mudez uterina al protagonista y lo inserta en el mundo del ruido, pero al quedar ciego ese ruido no puede ya encausarse en el sentido.

El problema quedó planteado, las tres grandes obsesiones dibenedettianas fueron puestas en el tablero desde el principio y serían desarrolladas en sus tres grandes novelas: Zama (la espera), El silenciero (el silencio) y Los suicidas (el suicidio). De todos modos solo resolvería el conflicto desde sus cuentos escritos en prisión agrupados en la colección Absurdos. En prisión vería en su mayor magnitud el origen de toda su escritura: el Mal.

11998463_10153585654514210_1883469849_nESTEBAN GALARZA: nacido del lado Villa de Mayo de la civilización aunque la partida de nacimiento diga clarito José C Paz. Ese día fue propicio para la numerología y otras raleas: 21 de abril de 1984, tempestuoso Sábado de Gloria de la Semana Santa de ese año, el último día de vida de Manuel Mujica Láinez y mismo día del cumpleaños de Iggy Pop y Robert Smith. Ante tales coincidencias se mostró digno de su destino, es decir que comió, rió, leyó, escuchó, pensó en consecuencia como una persona. Egresado e inmerso en el limbo administrativo que compruebe que es licenciado en Letras de la UCA y periodista cuya gloria le precedió tanto que se alejó y lo dejó un poco rezagado. Le gustan tantas cosas como le disgustan otras y no hay nada de extraordinario en esto. Prefiere el abrazo conmovedor en penumbras de la música. Música en forma de sonidos, lecturas, películas, lugares, amores varios. Detrás de éstos lienzos sonoros no hay nada más y gusta recordarlo cual tópico horaciano, cual NON OMNIS MORIAR (no moriré del todo) porque la permanencia es… Agradecido de haber colaborado en varios medios de distinta envergadura como Caras y Caretas, UltraBrit, Uk Rock Radio, Yo Soy La Morsa, celebra con entusiasmo la colaboración en la revista Kundra.

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2 Comments

  1. El domingo, en reunión familiar, habíamos hablado del autor; en la semana, ordenando papeles viejos di con el ensayo de Saer sobre Zama, de 1986, que recomiendo, y ahora encuentro este interesante abordaje. Tengo la revista Sur de 1956 donde se reseña el libro en una mezquina media página. Me alegra ver que se le va haciendo la debida justicia, cumpliéndose el vaticinio de Saer.

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