#Reseña | Un canon en construcción. Abelardo Castillo, Pablo Ramos, Juan Forn, por Nahuel Paz

Por Nahuel Paz

Roberto Bolaño decía que El que tiene sed era un libro que lo había marcado. La influencia de esa novela se hace notar en narradores que en el tiempo tendrán también su propio canon. Juan Forn, el autor de las magistrales crónicas de los viernes en “Página 12”. Pablo Ramos, cuya trilogía es un hito en la narrativa contemporánea.

ABELARDO CASTILLO EL QUE TIENE SEDLa cuestión es simple: puntualizar la presencia de la novela icónica de Abelardo Castillo El que tiene sed, en Corazones de Juan Forn y La Ley De La Ferocidad de Pablo Ramos, rozando también EL origen de la tristeza.

            Una breve digresión: cualquier lector avezado puede detectar la influencia de Roberto Arlt en Abelardo Castillo, presencia nunca negada por él (“Escribiendo aprendí por lo menos dos cosas. La elemental decencia de no negar mis fuentes, y otra, que pareciera ser su revés exacto: el no creer demasiado en la paternidad literaria de ciertos temas o ideas”[i]), dos ensayos, diversas aclaraciones, temas, cruces y frases acreditan esa filiación entre Arlt y Castillo.

La otra influencia es la de Leopoldo Marechal y se presenta en un doble nivel narrativo: la ironía, por un lado el personaje de Jacobo Fiksler, por el otro. Fiksler es el una representación del poeta Jacobo Fijman, sí, pero también Samuel Tesler, el personaje marechaliano “Ya una vez vino uno. Anotó todo y escribió un libro (…) El que vino aquella vez me amaba. Usted no[ii]” le dice Fiksler/Fijman/Tesler a Esteban Espósito, no hace falta aclarar que el uno refiere al autor de Adán Buenosayres.

            Arlt es un puente necesario entre Forn y Ramos, tamizado por Castillo.

Desde El Juguete Rabioso la historia del adolescente, en viaje iniciático, ha atravesado la narrativa argentina. Con cambios de estratos sociales y épocas: en Silvio Astier la pobreza y el principio de la década infame, en Iván Pujol (Corazones) la burguesía y los 70´; en Gabriel (el personaje presente en la “trilogía” de Ramos), El origen de la tristeza es el comienzo de la Dictadura, la clase media y su desmantelamiento, o en La Ley de la Ferocidad los 90´ y la destrucción del aparato productivo.

Terminada la digresión veamos las puntas: Arlt presente en Castillo, Marechal, presente en Castillo, se ven tamizados por su narrativa para caer en El que tiene sed y de ahí proyectarse a las novelas de Juan Forn y Pablo Ramos.

A Iván Pujol, el personaje central de Corazones, se le muere el padre. Así inicia un viaje interior (de introspección y conocimiento) y exterior (de Buenos Aires a Córdoba), del seno de la madre al seno del abuelo Galo, mandamás de la familia paterna.

La ley de la ferocidad también comienza con la muerte del padre y el viaje interior (la relación con las mujeres, el sexo, las drogas) y exterior (De La Paternal a Sarandí, ida y vuelta, varias veces).

Esteban Espósito, tiene un viaje constante, al interior de sí mismo, en su descenso a los infiernos, de destrucción, búsqueda de significados significantes, de justificaciones para sus relaciones con las mujeres y el alcohol y la “No escritura”; y, en el exterior, en el segundo capítulo “El Cruce del Aqueronte”, de Buenos Aires a Concordia.

EL que tiene sed abarca los tonos de la novela de Forn, ese narrador en segunda persona que, a veces, cambia a la primera, es una bomba con esquirlas en la novela de Castillo, una totalización narrativa: Esteban Espósito es todas las voces, intercede, critica, hace acotaciones cínicas, se duplica, se narra, se construye.

Hay un iniciador en las lecturas de Iván Pujol: Gómez Pini, le regala un primer libro:

“- Cuando te hagan agachar la cabeza, por ejemplo, cuando creas que tenés el mundo entero en contra. En momentos así vas a entender el libro. Y te vas a acordar, de Espósito y de mí.

  • Quién es espósito
  • El que lo escribió: Esteban Expósito[iii]

Alude, quizás, al cuaderno “leviatán” que el personaje de Castillo guarda “celosamente”, allí está “su alma cautiva”, cuaderno que casi pierde en el “El cruce del Aqueronte”.

Sigamos con las simetrías, Esteban Espósito se interna en un Neuropsiquiátrico público, problemas con el alcohol.

Gabriel, el personaje de Ramos se interna en un Neuropsiquiátrico, privado, cambian los tiempos de la “vida real”, ahora el problema no es con el alcohol, sino con las drogas; (Los sesenta no son los noventa), en ese lugar dice sentirse, por primera vez, escritor:

“Tenía sólo una novela que había empezado a leer hacía siglos y que nunca me dejaba pasar de la página 15 (…) – cita EL que tiene sed con comillas) yo estaba seguro, desde algún misticismo, de que en esas palabras había un secreto que el que las había escrito quería compartir conmigo y nada más que conmigo”[iv]

Y vuelve a citar “Un día construido, como una estrella”. Yo le había sacado la coma – con una gillette- y había dejado “Un día construido como una estrella”. Fue la primera vez que escribí algo en mi vida”[v]

            Del mismo modo Pujol descubre, en ese viaje, que “hay leyes secretas, no sabés cómo pero acabás de descubrir una: el que toque esa botella tiene que romperla” proyecta su furia en esa botella. Ya Esteban Espósito había roto el cuello de la botella de Whiskey en la casa de Cecilia, en el capítulo “Visitando las ruinas” y esboza una teoría sobre ellas en el capítulo “Hasta que vino el miedo”:

“…con ese aire de absoluta injustificación, de sobra, que tienen siempre los envases vacíos, las latas, las botellas, sobre todo las botellas; con el agravante de que las botellas, al menos para Esteban, al menos en días como hoy, causaban también un insoportable efecto de desolación, de cosa incompleta”

            O en Ramos “…Toma (Gabriel). Es el primer trago de una botella que Dios sabe cómo y cuándo fue que pasó del estado de cerrado al estado de abierta”

            Problema, como ya dijimos, constante en la novela de Castillo, botellas que se materializan, mozos que sirven, que dejan vasos, que cobran, sin la “participación activa” de Espósito.

            Como si fuera poco, los intertextos, informes, encuestas sobre el alcoholismo que pueblan El que tiene sed, mutan por “pasos para curar el alcoholismo”, folletos de Alcohólicos Anónimos en La ley de la ferocidad, pero el concepto es el mismo.

            Así podríamos continuar ad infinitum pero nos detenemos aquí. No hace falta más. La presencia en el tono debería ser suficiente, el tono del narrador en Corazones, la violencia de la prosa, tamizada con ironía en La ley de la ferocidad explicitan la presencia de ese padre, Abelardo Castillo, al que, parece, hay que matar. Y, cada uno con sus formas, Forn, Ramos, sortean esa muerte. El primero en sus contratapas que hacen escuela, el segundo con su narrativa que forma escritores.

 

yoNAHUEL PAZ: Nació en la ciudad de Buenos Aires en 1978. Es profesor de “Castellano, Literatura y Latín” egresado del IES N:2 “Mariano Acosta”. “Licenciado en Enseñanza de la Lengua y la Literatura” por la UNSAM. Trabaja como docente en instituciones secundarias públicas de la Ciudad de Buenos Aires. Escribió manuales educativos para la editorial “Puerto de Palos S.A. MACMILLAN Argentina”. Ha dictado cursos de Literatura en el ámbito privado y en centros culturales abiertos a la comunidad. Su novela Bajo las Losas fue finalista del I premio Wilkie Collins de novela negra.


[i] Abelardo Castillo Posfacio a Las Panteras y el Templo

[ii] Abelardo Castillo El que tiene sed

[iii] Juan Forn Corazones

[iv] Pablo Ramos La ley de la ferocidad

[v] Pablo Ramos La ley de la ferocidad

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5 Comments

  1. Reblogueó esto en Sienes ardientesy comentado:
    Ensayo de Nahuel Paz sobre Juan Forn, Pablo Ramos y Abelardo Castillo. Los dos últimos tal vez sean los escritores cuya lectura más sentí, junto a la del padre de todos ellos (o abuelo a esta altura), Roberto Arlt.

  2. Excelente reseña, Nahuel. Me quede con ganas de que sea más larga, de que cuentes más similitudes entre el Espósito -genial!- de Castillo y el Gabriel de Ramos… Y Marechal volando por ahí.

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