#RESEÑA | Cruzando tranqueras, por Victoria Mora

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Por Victoria Mora

 Además, el tiempo comienza con Manuel cruzando una tranquera. Y ese internarse en un lugar nuevo es como cruzar el umbral a otro mundo.

“Ya era de noche cuando se acercó a la tranquerita y golpeó las manos. El perro toreó enseguida. Se oyó el entrechocar de los eslabones, el chirrido de la cadena cuando se tensó y al fin una metralla de ladridos secos. Una mujer se movió detrás de la ventana, corrió la cortina, miró desde ahí”

En esta primera escena Manuel entra a la casa de Inchauspe, un hombre que lo llama para que arregle una máquina. A eso se dedica, a reparar maquinaria y cuando se presenta la oportunidad también a cosechar. Pero Manuel es también escritor. Y ahí en el pueblo al que llega, Bahía Hermosa, es por sobre todo, Manuel el escritor. Aunque para él sea un misterio como sus tres libros editados llegaron hasta allí y fueron leídos. “Él es el escritor, el que arregla las máquinas: Manuel” lo presentan.

Bahía Hermosa es un lugar sumergido en una atmósfera de misterio, Manuel convive con la sensación de lo inquietante de manera permanente: “Sintió de vuelta que podía aparecer un rinoceronte en cualquier momento y saludar con la voz más amable del mundo. No llegaba a acostumbrarse a este pueblo”. Los misterios se encadenan empujando a una lectura ansiosa. En el bar aparece tallado el nombre de Manuel con un insulto que nadie firma, en el cine Manuel puede ver una película de vanguardia inhallable, Inchauspe esconde un gran fajo de billetes en un cajón y lee Tristram Shandy el clásico inglés de Lawrence Sterne, el dueño del bar le insinúa que mejor marcharse, se suceden las muertes y los velorios. Y entre tanto el trabajo no se concreta, la máquina por la que fue convocado no aparece.

No le hablé de la máquina que tiene que arreglar, ¿cierto?no dio tiempo a que Manuel contestase Bueno, ya hablaremos.” Y esa conversación que Inchauspe deja en suspenso es la que sostiene el relato.

Entonces, Manuel se pierde un poco en Bahía Hermosa, no sabe bien cuál será el paso siguiente, qué hace ahí o qué sucede a su alrededor. O, quizás, se encuentra. Se encuentra haciéndose preguntas sobre los prejuicios que circulan entre la ciudad y el campo, la escritura, qué es ser un escritor, la vida. Y sobre todo se encuentra frente a Lucía, la mujer de Inchauspe, que es una mujer que lo interroga.

Al estilo de los cuentos de Flannery O´Connor, que transmiten el clima del sur de Estados Unidos, Biedma refleja el universo de los pequeños pueblos de la provincia de Buenos Aires. Sus personajes se mueven y actúan conformando un escenario preciso.

“Desechó los pensamientos como si se espabilara. Conocía bien ese lugar común: la idea de que en un pueblo todo es más llano. Tenía muchos ejemplos para desmentirlo. Hay una vida subterránea que hierve es esos pueblos, en cada persona” Esa vida es la que se revela en cada una de estas páginas.

Dice Salvador Biedma en una entrevista para Telam “Quería mostrar un pueblo de la provincia de Buenos Aires, un ámbito rural, como una especie de personaje colectivo. Y me interesaba la inversa del viaje del que viene de la provincia a la ciudad” Vaya si lo ha logrado.

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