#Editorial | Transformar el ego, por Angie Pagnotta

#Editorial

Transformar el ego

Iba a comenzar el editorial diciendo que el ambiente literario en Buenos Aires es pretenciosamente amargo pero, decir esto sin reducirlo a una fracción, sería injusto. No conozco en profundidad el ambiente, recién estoy comenzando a inmiscuirme entre los pasillos, pero lo que veo en relación a autores emergentes, a editoriales independientes, a autores con cierto reconocimiento (léase populares o en ascenso) e incluso en autores de otros países como España, México, Venezuela, Colombia, Bolivia y Uruguay (que son los países a los que tengo acceso y cierta relación) son acontecimientos que terminan por orientarme en una conclusión frustrante: el ambiente literario está tan sucio como cualquier ambiente artístico y como cualquier ambiente donde hombres y mujeres disputan ego y poder. Probablemente este enunciado no sea una novedad para los que llevan años transitando un espacio de competencia, como ocurre en un ámbito empresarial y fuera del arte, por ejemplo. También no le causará nada a quienes convivan con esta idea desde hace tiempo y estén “en contra” pero familiarizados con las condiciones. Algunos dirán “no queda otra, esto es así”, pero, no sé,  no quiero pecar de ingenua (lo soy muchas veces, soy ingenua) pero me miro y pienso que soy una joven periodista y escritora que está gateando en este ambiente, en el terreno artístico, en la pequeña franja del sector literario de Buenos Aires y, aunque tenga opción de hacerlo, no quiero familiarizarme con esto, no quiero aceptar la carroña de los críticos y los escritores que desde el pedestal que ellos mismos construyeron con palitos de helado, te miran desde arriba, te miran con sorna a tus espaldas pero cuando te ven de frente, te sonríen; no quiero nada de eso, nada que tenga que ver con esa gente, porque lo sucio y lo perjudicial para las personas involucradas, termina por salpicar y manchar algo tan interesante como es la literatura. ¿Vale la pena?

Se condena todo lo que tiene éxito y lo que no: desde novelas geniales por sus temáticas y formas de escritura, hasta novelas de principiantes que son iniciales pero tienen un ritmo interesante; desde autores que se van a dar charlas en una feria, a autores que no fueron convocados pero que, por ejemplo, leen en un ciclo de Palermo ¿por qué somos tan inconformistas? ¿Por qué no podemos ver el trabajo del otro con ojos felices? ¿Por qué la envidia o ese sentimiento pendenciero abundan en este ambiente?

El otro día leía que Patricio Eleisegui disertó en Diputados por la sabida causa que lleva frente a los agroquímicos y sus consecuencias nocivas y perjudiciales para la vida (no solo para la salud) y él mismo escribía en su muro que mucha gente, al conocerse la noticia de su disertación, lo tildaba de “vendido” por hacerlo; a éstas cosas me refiero con lo que digo, a mirar lo que no es, a juzgar, a etiquetar al otro por algo, sin siquiera comprender lo que ese otro hace, ni por qué lo hace. En este país y en Facebook, somos todos opinólogos del mundo ajeno.

No voy a hacer un ensayo ni un análisis, no estoy calificada para eso. Me limitaré solo a nombrar una porción acotada de mi experiencia como editora, ni siquiera como escritora porque aún no publiqué ningún libro y si bien estoy preparando la novela y tuve contacto con algunas editoriales (todas muy buenas y todos contactos positivos, por suerte) no puedo hablar de mi experiencia como escritora porque eso aún no existe. Sí puedo hablar por lo que me cuentan o por lo que veo que le ocurre a distintos colegas y conocidos. Veo, con tristeza y poco asombro, que en vez de ocuparnos de escribir, leer o debatir sobre lo que escribimos, estamos más preocupados por criticar al otro en Facebook, con estados crípticos y misteriosos, (sin poner nombres pero dejando “claro” el mensaje) y no basta que eso ocurra para que fluya una suerte de avalancha de comentarios a favor y en contra, que sólo hacen bulto en el muro, pero que, en el fondo, no construyen nada. También ocurre que a espaldas del criticado lo defenestran y en los eventos donde se cruzan se saludan con una sonrisa ¿cuándo nos volvimos tan niños? ¿Cuándo la hipocresía resultó ser tan interesante? ¿Cuándo dejamos que el ego avance tanto y nos transporte a un lugar tan detestable? No estoy pidiendo ni diciendo que el mundo sería mejor si nadie critica a nadie, por favor, incautos, no me mal interpreten; simplemente estoy diciendo que sería mejor que cada uno se ocupara un poco más de lo suyo y que, si tiene ganas de ocuparse de lo que hace el otro, también se ocupe de hacérselo saber sin formas infantiles y así se pueda generar un ida y vuelta, un feedback real de las cosas, una forma constructiva de discutir, debatir y poner ideas en común.

Todo lo expuesto en esta editorial es un deseo profundo de construcción y eso también tiene que ver con esta revista porque, después del torbellino que hubo en mi vida y, obviamente en Kundra, podemos (todos los que somos parte de cada edición) mirar con la frente en alto, sabiendo que con errores o aciertos salimos adelante y que cada número avanza y crece más sin amiguismos, sin condescendencias, sin conformar a nadie y sólo manteniendo presente lo que mejor podemos hacer: literatura aleatoria, desde distintos puntos de vista, desde distintos autores y temáticas.  Por eso las puertas de Kundra están abiertas de par en par para aquel que quiera sumarse, desde su lugar, a este proyecto. Por eso Kundra recibe libros, mensajes de apoyo, autores que quieren sumarse con cuentos o poesías, colaboradores de lujo que edición a edición ocupan parte de su valioso tiempo en escribir un artículo para estas páginas y ahora, la llegada de un diagramador que nos ofrece la posibilidad de descargar la revista para leerla en el celular o en la Tablet, algo que perdimos en el torbellino pero que recuperamos gracias a la buena onda y el cariño. Como editora y directora de Kundra tengo una responsabilidad superior sobre lo que se dice y se escribe acá, por eso cada una de estas palabras de esta editorial es para contribuir pequeñamente a una suerte de paz y una necesidad de construcción de la literatura desde lo sensible de la palabra, desde el sinceramiento de la lectura, desde el apoyo a las ideas y desde la honestidad intelectual más pura. Ojalá todo esto se vea reflejado y cada vez podamos crecer y mejorar más, creo que este número de hoy es un buen punto de partida, otra vez.

 

Angie Pagnotta

Directora de Revista Kundra

angie.pagnotta87@gmail.com

angie-pagnotta-2015-bynANGIE PAGNOTTA: Nació en Godoy Cruz, Mendoza, en 1987, pero a los pocos meses se vino a Buenos Aires, por lo cual es 98% porteña. Es Escritora y Periodista. En 2012 fundó Revista Kundra: literatura aleatoria y el portal de Arte y Cultura, Baires Digital. Colaboró y colabora en distintos medios digitales y gráficos de Argentina como Revista El Gran Otro, Diario Femenino, Revista Dínamo, Cultura Registrada, Entrevistar-Te y Continuidad de los libros. En 2013 obtuvo una mención en narrativa por su cuento “Alejandra”, otorgado por la Biblioteca Nacional. Escribió Nada que no quieras, su primera novela que saldrá publicada en 2017. Su cuento “Versiones sobre el río”, salió publicado en la antología digital “El Narratorio” en agosto de 2016 y actualmente está escribiendo su segunda novela, cuyo working title es: Todos. Nunca Nada.

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7 Comments

  1. Angie, muy interesante y jugado lo que planteás. Y coincido con mucho de lo que decís, destacando que esta especie de “guerra de egos” se da en variados ámbitos, que nada tienen que ver entre sí, pero que tienen el factor común de estar prestos a criticar (no precisamente en forma constructiva), podría decirse que la predisposición es ésa. Considero que esa pregunta (filosófica) que dejás aquí, entre otras, es la que más me pegó, por así decirlo, es la que más me hizo pensar que si preguntarse eso es ver la vida con ojos ingenuos, pues entonces ¡qué vivan los ingenuos! Los que tienen una palabra dura para decir sobre cualquier persona, en cualquier momento, por cualquier trabajo o hasta un simple comentario no se preguntarán quizás “¿Por qué no podemos ver el trabajo del otro con ojos felices?” Pero creo que se pierden de mucho. Felicitaciones por esta nueva edición de Kundra!! A vos, que le ponés el alma a todo lo que hacés y a todo el equipo que te acompaña. Gracias!! Gaby

    1. Muchas gracias, Gaby. Creo que este editorial tiene la intensión de intentar rescatar algunas formas y que éstas vuelvan a ser más positivas. No se trata sólo de literatura, sino de muchos espacios donde ocurre lo mismo (casi podría decirse en todos ¿no?). Las personas que nos tomamos un segundo para ver las cosas con mejor forma, sin prejuzar de inmediato (sin taggear, sin etiquetar, sin ojos frívolos o de maldad) creo que nos sentimos desdichadas al notar que no todos nos manejamos igual, al notar que muchos no pueden ver con ojos felices el trabajo del otro, que la envidia corre más allá de lo que se hace, que el poder corrompe mucho más que cualquier buen gesto…me considero ingenua por creer que muchas de las cosas que ocurren solo están sujetas a un pequeño “click” que nos haga menos egocéntricos y que nos abra el corazón, pero….abrir el corazón es un esfuerzo cada vez más grande en un mundo cada vez más roto. Lo sé, sé eso, yo misma me pasé mucho tiempo equivocada (y sigo estandolo seguramente, y nunca dejaré de estarlo, claro) pero sin embargo, por un segundo de buenos ojos y buen corazón (haciendo la prueba con algunas circunstancias, por ejemplo) se notan cambios instantáneos que alimentan el espíritu y el alma enteras, de una forma totalmente noble. No me volví la madre Teresa de Calcuta de golpe, jaja, pero sí me di cuenta de algo importante: si das amor, te vuelve amor, (y no se trata de dar por recibir, sino de simplemente dar y sonreír, sin dobles intensiones). El amor está en todas partes y en todas las cosas, solo tenemos que despojarnos de esa maldad implícita y confiar un poco más. Y ojo, es necesario que existan opiniones distintas y contrastes, por supuesto, eso es lo interesante de esta vida, justamente, pero lo que me gustaría es que esas opiniones estén dichas y pronunciadas desde un lugar sano y no desde la maldad.Eso es un poco lo que quise decir con este editorial, ese es el espíritu.
      Gracias a vos por tus palabras y tu apoyo, un beso.

  2. Hola Angie, estoy de acuerdo con lo que dices y sin ánimo de sonar cínico es mi opinión que el ámbito artístico (y por qué no, más allá de éste también) está lleno de egos y que el artista se concibe como tal porque tiene un gran ego. Pienso en por qué querría alguien ser publicado, ser leído, sino porque quiere ser visto, que los demás conozcan sus opiniones, sus fantasías, sus pensamientos y reflexiones. Creo que en el hecho mismo de considerarse artista/escritor ya hay un ego bastante grande, pero hay que ver qué hacemos con él.

    Lo único que tendría precaución en decir es el último párrafo, donde hablas de tu editorial, porque me parece que más o menos caes en la misma trampa de los egos que denuncias, poniendo la revista que diriges como marcadamente diferente del resto del ámbito y tu rol como una de las “pocas” personas que está a la altura de las circunstancias, encarando las responsabilidades de tu cargo en la editorial y teniendo -al parecer- una moral que mucha gente del ámbito carece. Retomando lo que dije antes (que no fue sólo por mencionarlo), querer ser escritor o artista en fin lleva consigo un componente de ego bastante grande del que nadie está exento. Quizás es sólo una percepción mía y ojalá esté equivocado, pero creo que vale el llamado de atención para que reflexiones sobre tus propias palabras y desde dónde te ubicas para escribir lo que escribes.

    Saludos

    1. Hola, antes que nada perdón pero como no veo la firma no sé tu nombre, pero buenas. Primero que nada gracias por opinar sobre el editorial. Puede ser que el ámbito artístico sea como decís, pero yo en este caso me limité al ámbito que conozco, el literario, aunque de todos modos hice la salvedad de decir que NO sólo en éste ámbito ocurre, sino también en cualquiera donde se dispute ego y poder. No sé si podría afirmar o no lo que opinás sobre ser publicado o llamarse “artista/escritor” no tengo opinión formada al respecto.
      Por otro lado, el último párrafo de la editorial, hace todo lo contrario a lo que exponés: no me considero más ni mejor (sí pongo que me hago cargo de los contenidos porque alguien tiene que ser el responsable de lo que se publica, acá o en cualquier lado, esa es la premisa básica del periodismo, como firmar las notas, por ej); tampoco digo que Kundra es la mejor revista literaria ni nada que se le parezca, solo al final del párrafo digo que tal vez ir por el buen camino de lo que queremos hacer nosotros, sea publicar un número tan completo cómo el que hicimos en el 17. En caso de que no hayas leído las notas te invito a hacerlo, creo que es un gran número y eso lo sostengo con orgullo, sí, pero no con el ego inflado, para nada. Por otro lado, en la editorial hacia el último párrafo, justamente, resalto que con errores y aciertos salimos adelante de los malos momentos intentando superarlos con la frente en alto, o sea, con aprendizaje encima, con amor por lo que hacemos. Jamás puse a Kundra como estándar de lo que se debe o no hacer, eso para mí no existe, lo único que existe es la fe, la responsabilidad, las ganas y el amor por el periodismo y la literatura. Sin embargo, creo que, por ejemplo, aceptar que nos falta mucho por aprender no creo que tenga que ver con el ego alto, ni nada que se le parezca. Gracias de todos modos por tu comentario, lo tengo en cuenta y ojalá la próxima quede aún más claro.

      Saludos.

      Angie Pagnotta
      Directora Revista Kundra.

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