#Reseña | 76 de Félix Bruzzone, por Christian J. Kanahuaty

#Reseña

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Christian Jiménez Kanahuaty

 

La editorial Momofuku, ha reeditado el libro de cuentos 76 de Féliz Bruzonne. Es un libro ya clásico pero al cual se han agregado dos cuentos inéditos que terminan por armar un cuerpo narrativo sobre la dictadura que va desde lo intimista a lo fantástico.

Quizás haya que decir que una de las grandes preocupaciones de la literatura argentina contemporánea ha sido el retrato de la memoria de la dictadura y de la Guerra de Malvinas. Y si bien uno pude recordar casos como Los pichiciegos de Fogwil, Ciencias morales o Dos veces junio, ambas de Kohan, Esa mujer de Walsh, uno de los casos más interesantes o al menos donde se encuentra una de las reflexiones más problemáticas sobre el tema, es Esperanto de Rodrigo Fresán. En ella, en algún momento se dice que si se ha instalado la palabra “desaparecidos” para nombrar a aquellos que ya no están, porque simplemente no se los hace “aparecer”. Sin querer Fresán, lateralmente se enfrenta con uno de los juegos más contundentes del lenguaje: la relación memoria-olvido.

Para él, es quizá un juego de palabras que puede servir como pretexto para entrar en la política como discurso político pero también como práctica; porque al final, ha sido una práctica y una razón política la que hizo “desaparecer” a esas personas y ahora les resulta imposible, simplemente hacerlas “aparecer”. Por eso es mejor olvidar. Por eso, para algunos es mejor olvidar, perdonar y seguir para adelante.

Y esto es importante para el caso de los cuentos de Bruzzone. Básicamente porque sus cuentos apelan a un sentido ya no de los hechos sino de los ecos de aquellos acontecimientos. Se siente, en otras palabras, el efecto no colateral, sino real de todo lo que pasó en la argentina desde el arribo del triunvirato militar al poder.

Se trata, me parece, de una exploración sensible, vital y real que tiene por objetivo no sólo plasmar un momento, sino una época. Quizá por ello en términos generales los cuentos que componen 76 tengan un proyecto narrativo detrás, tanto por el hecho de que algunos de sus personajes pasan de un cuento a otro, como por la forma en que cada uno de sus personajes afronta su presente, a veces de forma delirante, sofocada y errática, y otras tantas, de manera silenciosa, dudosa y negada a la realidad.

Hay un efecto de acciones sobre entendidas. Como si la dictadura hubiera imprimido un sello entre algunas personas, haciendo que sólo entre ellas se pudieran reconocer.

Pero también, en algunos de los cuentos de Bruzzone, hay una sensación de que los implicados tampoco quieren nombrar el ser hijos de desaparecidos todo el tiempo. Es un estigma que puede servir política y económicamente a algunos fines, pero a muchos de los personajes de Bruzzone no les interesa esta dimensión, lo que les interesa es ver que hay detrás de la puerta que divide todo ese dolor, miedo y soledad con la parte de vida de la cual todos hablan.

Si se quiere, y ya entrando en otro terreno, buscar las relaciones entre literatura y política y mostrar cómo funciona aquello que Foucault llamó la microfísica del poder, quizá sólo deba leer con detenimiento 76. Se ha tratado de escribir sobre la dictadura, sobre la violencia y sobre la guerra desde siempre. Pero quizá lo que hace Félix Bruzzone es responder a esa necesidad narrando justamente lo que sucede después de la guerra, después de que han desaparecido todos, ¿qué queda?

Y si uno se pone tajante, incluso puede decir que hay una mirada ética en los cuentos de este libro. No es la necesidad de escarbar en el dolor para tomar una postura malditista, ni para acentuar el dolor. Tampoco, hay la necesidad de mostrar el horror de cerca-, tan sólo son necesarias ciertas sugerencias, ciertos guiños, y ciertos recuerdos dichos o colocados en el lugar adecuado. En ese sentido el proyecto de narrativo de Bruzzone, al menos en este libro es más cercano a la faceta de autor que intenta construir su propio mundo con sus propias reglas y normas y códigos, donde todo está a disposición de una entidad mayor que paradójicamente no es el que escribe esos cuentos.

No se trata, por tanto, sólo de una economía del lenguaje, o de un tratamiento distinto sobre la información que se da a los lectores. Se manifiesta la contundencia de estos cuentos en momentos en que lo normal empieza a crujir, tal y como sucede en la vida; cuando uno no sabe que se acerca el final, pero lo presiente. Hay mucho de eso, mucho de instinto, mucho de real, mucha vida -en otras palabras- en la obra de Bruzzone y eso es de aclarar porque por el tema, pudiera haber sido todo lo contrario.

La búsqueda de la vida más allá de la vida. Quizás eso tiene en mente el autor de 76 en cada uno de estos cuentos. Ciertas vidas se perdieron, desaparecieron; pero hay otras que se quedaron, que aún están aquí y quizá haya que dar una vuelta de tuerca más, para radicalizar ese efecto y hacer algo más hiperrealista la realidad. Quizá por eso el libro termina con un cuento donde se apuesta por lo fantástico como modo de abrir aquella puerta por donde no sólo entra un nuevo aire para refrescar la habitación en la que nos encontramos, sino que al mismo tiempo, nos ayuda a ir hacia un mundo que antes nos habíamos negado a ver y visitar.

Quizá la transición de Bruzzone hacia lo fantástico sea un tránsito natural. Un paso más hacia la captura de algo que de momento no podemos ver, pero que empezamos a nombrar. Bruzzone es consciente, me parece, de que hay una fina trama que comunica a todo con todos. Y que es justamente la violencia, la ausencia y cierto uso de la memoria en términos selectivos, los que nos ayudan a ver esas fisuras de la realidad. La que nos muestran que sí, que quizá dentro de este mundo, haya un mundo mucho más complicado, misterioso y errático del que estamos acostumbrados a ver.

76 no es sólo un libro sobre la dictadura, sobre la unión entre política y vida, o un documento para sentar memoria y no olvidar los crímenes perpetrados por ciertas personas. 76 es un libro donde se conjugan de forma completa vida, muerte, odio, olvido, amor, lujuria, y madurez, logrando que los personajes vayan con vida propia por las calles de ciudades de distintos nombres, aun cuando ya hemos cerrado el libro. La vida, después de la vida, a pesar de la vida. 76 es la muestra de que nada muere, de que todo queda. Que todo al final, pasa de un estado al otro, pero sigue estando entre nosotros, presente.

Enlace a la editorial: http://momofuku.com.ar

SOBRE EL AUTOR:

12800234_1260588133958666_4190180726895826695_nCHRISTIAN JIMÉNEZ KANAHUATY (Cochabamba, Bolivia-1982). Invierno, su primera novela se publicó en 2010, luego en 2011, se publicó la segunda novela llamada Te odio. Tiene publicados dos libros de cuentos. El Mareo (2008) y No quedan tardes de verano (2015). Es parte de la antología de poesía Tea Party I (Cinosargo, Chile) y de la antología poética de la revista mexcana Letrasértica. Traductores del silencio (2013), así mismo de la antología de cuentos Una espuma de música que flota (Jaguar ediciones, Ecuador, 2015).

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