#Dossier | Marguerite Duras, por Victoria Mora

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Por Victoria Mora:

Marguerite Duras o la escritura como extravío

Marguerite Duras le dice a una periodista “Nadie me dijo que era bonita, no había espejo donde mirarse en casa”, frente a la ausencia de ese reflejo Duras eligió escribir. Toda su literatura podría pensarse como la construcción de una imagen posible en el espejo, de las historias que configuren esa visión. Contar su vida familiar, tan parecida a un abismo, fue la gran elección de una escritora imprescindible, convertir en ficción esa ausencia de mirada puede ser una hermosa forma de salvación, y de hecho para ella lo fue. En su libro Escribir dice: “Escribir: es lo único que llenaba mi vida y la hechizaba. Lo he hecho. La escritura nunca me ha abandonado” Y también dice: “Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total y descubrir que sólo la escritura te salvará”. (Escribir, Tusquets 2010)

Tres puntos se encuentran:

Nació en la Indochina francesa en 1914 y murió en París en 1996. Creció sumergida en la pobreza y el maltrato de una madre estragante y desestabilizada, un hermano mayor opiómano y terrible y un hermano menor con cierta discapacidad mental.  Su padre murió cuando ella tenía cuatro años. El incesto, la violencia, el hambre, la desesperación y las pasiones serán temas recurrentes en la obra devesta escritora capaz de contar su infancia y su adolescencia en tres ficciones distintas: Un dique contra el pacífico (1950), El amante (1984) y El amante de la China del Norte (1991). En estas tres novelas Duras cuenta su vida en ese territorio tomado por la pobreza y la injusticia que era Indochina como colonia francesa, pero también lo vivido en el territorio familiar. Las distintas perspectivas que recorre en las novelas no alejan las historias de la genuina transmisión de su vida allí. No tienen que ser los mismos hechos relatados para ser de todos modos la misma esencia.  En estas novelas recorre las vivencias de una madre y sus tres hijos en un territorio ingrato y hostil. La mujer decide invertir todo lo que tiene en una tierra para arrozales y pronto descubre que fue estafada por los empleados estatales, por lo que esa tierra se inunda una y otra vez, frente a los embates del Pacífico. Lejos de rendirse construye unos diques que terminan fracasando.

En Un dique contra el Pacífico (Tusquets, 2015) Duras escribe “El médico achacaba sus ataques al desplome de los diques. Tanto resentimiento, año tras año, día tras día. Y no existía una sola causa. Existían mil, incluido el derrumbe de los diques, la injusticia del mundo, el espectáculo de sus hijos bañándose en el río.”

Sumida en la pobreza toda la esperanza está puesta en que su hija se case con un chino rico. En las tres historias el amante tendrá lugares distintos desde el más profundo asco hasta el deseo irresistible. Dice en El Amante (Tusquets, 1984), su novela más popular: “(…) el dinero seguirá perdido, es el final. Queda esa pequeña que crece y que quizás un día sabrá cómo traer dinero a casa. Por eso, ella no lo sabe, la madre permite a su hija salir vestida de niña prostituta. Y por eso también la niña sabe ya qué hacer para desviar la atención que se le dirige a ella, hacia la que ella dirige al dinero. Eso hace sonreír a la madre”. En su adolescencia, Duras se mudó a París y allí estudió derecho, matemáticas y ciencias políticas. A lo largo de su vida escribió más de veinte novelas y tuvo una fuerte relación con el cine. Escribió varios guiones cinematográficos. Su novela El amante fue llevada al cine convirtiéndose en un éxito rotundo.

Vida y obra se enlazaron siempre como eslabones de una misma cadena. Eso no se agota en sus tres novelas sobre la infancia y la adolescencia. No se trata de una pura autobiografía, sino de un saber hacer con el dolor letra impresa. Dice en Escribir: “Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total y descubrir que sólo la escritura te salvará.” Por su parte, El dolor (1985) y Los cuadernos de la guerra (2006) son un testimonio vivo de esto: allí escribe sobre la pérdida de su esposo Robert Antelme en manos de los nazis, su búsqueda y recuperación.

Libertad y recurrencias en su escritura:

 

Frente a la pregunta por la escritura como liberación dice en una entrevista con Aliette Armel: “ Se trata de una pulsión no selectiva, que es mi naturaleza, mi verdadero hogar del cual yo dependo, pero no conozco. (…) Ese lugar de extravío, para mí, es la escritura. Esa es mi única certeza. Cuando comienzo un libro, yo estoy en el libro”

Duras conoció al psicoanalista francés Jacques Lacan, él le dedicó una conferencia que tituló “Homenaje a Marguerite Duras” en ella desarrolla una posición fuerte del psicoanálisis en relación al artista tomando como gran ejemplo a Duras, dice: “(…) en su materia, el artista siempre le lleva la delantera –al psicoanalista-, y que no tiene por qué hacer de psicólogo donde el artista le desbroza el camino. (…) Marguerite Duras evidencia saber sin mí lo que yo enseño” Hay en esto algo de esa pulsión de la que habla Duras, de ese empuje inconsciente, de ese saber no sabido que se manifiesta en la escritura.

Otras de las marcas de su vida en la literatura es su relación con el alcohol, que inclusive la llevó a padecer varias internaciones y experiencias. Las diez y media de una noche de verano refleja lo que vive una mujer, María, sumergida en el alcohol. Escribe Duras: “cuando María duerma el solitario sueño que sigue al alcohol-otra vez la soledad-, vence totalmente el miedo” También en esta nouvelle aparece el triangulo amoroso entre la protagonista, su pareja y su amiga. Otro de los temas que retornan en su obra, un ser de a tres que reaparece en sus historias. Magistral ese abordaje en El arrebato de Lol V. Stein.

En  Los ojos azules pelo negro(1986) relata su hundimiento en el alcohol con Yann Andreá, homosexual declarado, quién fue su amante los últimos dieciséis años de vida. Él era cuarenta años más joven. Él escribió sobre su vida junto a Duras en M. D. Marguerite Duras (Tusquets, 1985) y en Ese amor (1999)  La propia Marguerite abordó este amor en su último libro Eso es todo (1994)

El mundo narrativo de Duras empuja a una lectura que, de manera inevitable, se parece bastante a bucear en las profundidades del alma, nadie sale indemne luego de recorrer sus páginas. Un riesgo tan precioso como conmovedor, una pura experiencia del desasosiego.

SOBRE LA AUTORA:

foto-victoria-moraVICTORIA MORA nació en Buenos Aires en 1979. Es psicoanalista, docente y narradora. Ha participado en jornadas y publicado trabajos entrecruzando psicoanálisis y literatura. En 2012 ganó el primer premio del concurso de cuentos de la Fiesta Nacional de las Letras de Necochea con su cuento “El último tren”.”Demasiado tarde” fue uno de los cuentos ganadores del Concurso literario Micaela Bastidas organizado por el INADI. En 2013 su cuento “Herencias” resultó uno de los ganadores del Concurso del 1° de Mayo organizado por la Casa de los trabajadores de Córdoba. Su cuento “Rescate” fue finalista y parte de la Antología del Certamen literario de Editorial Alma de diamante (2013). Fue finalista del II Concurso de cuento breve Osvaldo Soriano organizado por la facultad de Periodismo de la UNLP con su cuento “Huellas” (2014). Su microrrelato “Masacre” recibió una mención en el Concurso Provincial de Murales Literarios (2014). En 2014 publicó su primer libro de cuentos Un mundo oscuro por editorial Llanto de mudo. Colabora con las revistas digitales Kundra y Mercurio Contenidos.

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