Tierra baldía: 13 preguntas | N°1: Patricio Eleisegui

Eleisegui por Pagnotta

MINI PERFIL:

Nombre completo: Patricio Hernán Eleisegui.

Profesión: Escritor y periodista.

Profesión ideal aún no realizada: Guitarrista de Metallica.

Edad: 38

Lugar de residencia: Buenos Aires

 


¿Dónde escribís?

Por lo general, en mi casa. Me mudé este año a lo de mi hermano tras una separación de pareja y en el revoleo de bienes logré quedarme con un escritorio al que antes no le prestaba mucha atención. Hace poco me pidieron un cuento para una antología y lo escribí íntegramente ahí. Es un escritorio lleno de papeles y nada más. A lo sumo a veces le sumo la notebook por si necesito indagar en alguna información. En tanto ahora me toca viajar más seguido, supongo que empezaré a probar con eso de escribir en donde me sea posible. Por supuesto que será difícil: doy mil vueltas antes de ponerme y por lo general necesito quietud alrededor. Será un ejercicio.

¿Tres objetos imprescindibles?

Para la escritura, papel en blanco, lapicera o lápiz, cigarrillos. Esto último se puede cambiar por mate.

¿Cuál es tu comida preferida?

No puedo inclinarme por una sola. Diré asado argentino, ceviche, rachi y anticucho peruanos, y sobrebarriga con patacones colombianos.

¿Te importa lo que digan los críticos literarios sobre tu escritura?

La verdad que no demasiado. Entiendo que su labor es necesaria y respeto eso. Sí me importa mi opinión sobre el texto en el que trabajo o acabo de concluir. Soy muy autoexigente y por lo general me cuesta releer lo que acabo de escribir. Cada vez que lo hago lo único que encuentro son errores y limitaciones.

¿Por qué escribís?

Los motivos varían. Van desde la necesidad de exponer algo hasta el mero entretenimiento. Muchas veces padezco la escritura, siento que brota por malestares que me resultan imposibles expresar de otra manera. Por supuesto que me gustaría encontrar otro canal de expresión, aunque eso todavía no ha ocurrido. Un día espero no tener que escribir más.

¿Cuál es tu pasatiempo?

Depende el tiempo y el contexto. Antes leía mucha literatura, ahora bastante menos. La guitarra es un refugio importante, más allá de que también es una práctica que hago en solitario. La seguidilla de viajes de los últimos meses me ha quitado espacio para boxear en el Almagro Boxing Club, aunque sé que volveré con todo el ímpetu a partir de este mes. Miro mucho cine, creo que es la opción de relato que más me llena hoy por hoy.

¿Te acordás por qué lloraste la última vez?

Tendría que meditarlo. Se me viene a la cabeza una situación en la Cámara de Diputados en septiembre de este año, cuando me convocaron para exponer respecto de la problemática de los agroquímicos y sus efectos en la salud. Estaba cerrando mi disertación cuando vi que, detrás mío, se había sentado Estela Lemes, una maestra rural que hoy sobrevive con dos pesticidas en sangre y que fue uno de los primeros testimonio que recabé para mi libro Envenenados. Estela vino a Buenos Aires desde Entre Ríos porque sabía que me tocaba exponer. Fue muy fuerte verla ahí, mientras yo tiraba munición gruesa contra funcionarios y empresas presentes. Cuando la entrevisté, hace más de tres años, todavía no estaba enferma. Hoy todo es diferente para ella. Cerré mi disertación, saludé como pude, y volví a mi trabajo llorando en el camino.

¿Qué contacto tenés con el ambiente literario? ¿Vas a los eventos, te importa construir alguna relación, lo evitás?

A excepción de las redes sociales, muy poco. Estoy bastante desactualizado, de hecho. Antes iba a eventos, participaba más en ciclos literarios. Con el tiempo creo que me saturé. Y también me aburrí. Otro aspecto que opera es que empecé a tener menos tiempo por distintas cuestiones laborales. En su momento hice algunos amigos en el ambiente y también me encontré con personas dispuestas a dar una mano. Por supuesto que había de las otras y eso me volvió un poco reticente a los encuentros. Lamentablemente, es un ambiente bastante careta y en el que la envidia está a la orden del día. No faltan los escritores que palmean y cuando te das vuelta miden la puñalada. O los que se suben a un tema de impacto social reciente para terminar publicando por mero oportunismo. Es un arte bastante bastardeado por estos tiempos. Para algunos, la literatura es una mera escalera a la fama.

¿Qué es el amor?

La única variable por la que seguimos valiendo la pena como especie. Varios traspiés amorosos después, por suerte entendí que es un sentimiento que no se agota únicamente en las relaciones de pareja. Trasciende y alcanza a todo. Para mí el amor son mis hermanos, mis padres, mi familia en general, los amigos, los lugares: mis lugares. El amor es un atardecer navegando el río Amazonas en un buque carguero como me pasó a mediados de este año. El amor es reencontrarme con los paisajes de mi infancia en Sierra de la Ventana. El amor son esos dos pibes que hace poco viajaron exclusivamente hasta Basavilbaso, Entre Ríos, desde otro pueblito regional, Maciá, porque sabían que yo iba a estar presente en el lugar para hablar de Envenenados. El amor es sentirte contento tras saber que a esa persona a la que dejaste de amar le está yendo bien.

¿Cuáles crees que son tus fuertes en la escritura?

Difícil de fijar. Creo que tengo un lado bestial que asoma principalmente en la escritura. Lo valoro aunque con cierto temor. No tengo límites morales a la hora de escribir, lo cual hace que el grueso de mis textos sea bastante incómodo para el desprevenido. El hecho de que lea trabajos no necesariamente literarios creo que acerca una paleta temática amplia y eso me vuelve un autor algo inesperado. También, que no me gusta encasillarme en un género. Fuera de eso, no se me ocurren más aspectos a resaltar.

¿Estás enamorado?

De la vida, sí.

¿Cinco escritores imprescindibles?

Baudelaire, Beckett, Verne, Céline, Homero.

¿Cuál sería el título de tu autobiografía?

Viví como quise.


Patricio Eleisegui (Sierra de la Ventana, 10 de abril de 1978) es periodista y escritor. Fue finalista dos veces consecutivas del Premio Clarín de Novela (2011 y 2012). Publicó los libros de relatos Nubes de Polvo Sopladas a Cañonazos (2013) y Ninguno es Feliz (2015). Ideó y compiló la antología Paganos (2014) sobre santos populares de la Argentina, donde también participó con un relato acerca del mito de la Difunta Correa. Participó de las antologías Cuento Raro (2012), Doce Rounds (2012), Charco Negro (2013) y Pobre Diablo (2016). Ya como periodista publicó las investigaciones Envenenados (2013) y Fruto de la Desgracia (2014) sobre las consecuencias sanitarias del uso de agroquímicos en la producción agrícola de la Argentina. Integró el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA). Es editor en un diario económico online de Buenos Aires.

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