Tierra baldía: 13 preguntas | N°2: Mariana Travacio

Travacio por Pagnotta

 

MINI PERFIL:

Nombre completo: Mariana Travacio

Profesión: Actualmente, me dedico a escribir y a traducir textos literarios del francés y del portugués. Antes, me dedicaba a la psicología clínica y forense.

Profesión ideal aún no realizada: Ni idea. Me apasiono de a una cosa por vez.

Edad: 49

Lugar de residencia: Buenos Aires


¿Dónde escribís?

En general, escribo en casa, en la computadora. Si estoy en la calle, escribo en cualquier parte. He llegado a escribir en los semáforos en rojo, sobre papelitos de estacionamiento. Si estoy de viaje, en cuadernos y en servilletas. Con las servilletas tenemos un problema: no todas sirven para la escritura: algunas se rompen. He llegado a escribir, presa del espanto, arriba de un crucero. Me había escapado a un bar de habanos, ese lugar solitario que el resto de los cruceristas parecía no haber descubierto aún. Pedí una copa de vino. Estaba realmente espantada. Lo miré al mozo y le dije: necesito escribir, ¿usted tendrá un pedazo de papel? No me dice nada, pero veo que se aleja hasta la barra y apreta un botón de la caja registradora. Vuelve, raudo, y me entrega una larga tira de papel. Creo que me pasé la noche entera en ese bar, a resguardo de los excesos que sucedían afuera, grabando mis propias demasías en las sucesivas tiras de papel que el mozo me iba trayendo.

¿Tres objetos imprescindibles?

Una lapicera, una copa de vino, una buena biblioteca.

¿Cuál es tu comida preferida?

El pescado. A la parrilla. Sin sal. Con limón.

¿Te importa lo que digan los críticos literarios sobre tu escritura?

Sí, claro; lo veo así: la literatura es un asunto de lengua escrita. Y resulta que las lenguas nacen, se reproducen y mueren. Desde la perspectiva de la Vía Láctea, eso sucede en un tiempo brevísimo. De modo que celebro la mera existencia de seres que, en algún punto de la galaxia, munidos de una lengua, se disponen a leer y a escribir.

Sobre este asunto de la caducidad de las lenguas, recuerdo unas palabras de Chateaubriand que voy a citar malamente, pero la idea era ésta: de algunos dialectos de poblaciones desaparecidas no queda más que una docena de palabras pronunciadas en la cima de los árboles por unos loros que han recuperado su libertad. Si consideramos que no solamente la lengua no es eterna, sino que –por desgracia- el sol tampoco lo es, resulta que tarde o temprano no quedará nada de todo lo escrito. Visto así, es milagroso que nos den ganas de salir de la cama. Pero, obviando estas consideraciones, creo que entre el acto de escribir y la decisión de publicar hay una enorme distancia. Son actos de naturaleza diversa. Una vez tomada la decisión de publicar, lo mejor que puede pasarle a un texto es encontrar lectores. Y si esos lectores producen escrituras, el acto de publicar se convierte en una verdadera fiesta: un encuentro gozoso, de esos que te impulsan a descorchar un vino, embriagarte un poco y quedarte así, brindando un rato, eternizando el encuentro.

¿Por qué escribís?

Escribo porque no puedo evitarlo. Cuando no lo hago, la cabeza me queda atorada de imágenes, y de voces, y me empieza a pesar. Aún así, opino que la escritura es imposibilidad misma. La realidad no es verbal y un escritor no tiene más que un puñado de caracteres de cuya combinatoria surgen unas palabras que son la muerte de la cosa. Por lo tanto, escribir es -ante todo- una disposición al fracaso. Y, sin embargo, el hombre de las cavernas, aún desprovisto de lenguaje, quiso decir algo y acabó inventando el arte rupestre. Hay, por lo tanto, una voluntad de decir. Pero, como advirtió Borges, la realidad es incomunicable y atroz. De modo que escribimos porque existe lo indecible. Si pudiéramos decirlo todo, no habría escritura.

¿Cuál es tu pasatiempo?

Paso varias horas mirando el fresno de mi ventana. Es inconcebible la actividad que tiene.

¿Te acordás por qué lloraste la última vez?

Si, me acuerdo. Fue el 23 de noviembre. Eran las dos de la mañana. Estaba sola, en mi estudio, leyendo. En eso, aparece mi hijo: que si lo ayudo a leer, que tiene un parcial. Le preparé un café y me senté con él. Leímos hasta el final de la noche. Eran apuntes de historia argentina: historia argentina del siglo XX. A las siete de la mañana, lloré. Supongo que de rabia.

¿Qué contacto tenés con el ambiente literario? ¿Vas a los eventos, te importa construir alguna relación, lo evitás?

Suelo ir a presentaciones de libros y a ciclos de lectura. Hay momentos en los que me encierro y no voy a ninguna parte. Pero, en general, si un amigo presenta un libro, trato de estar.

¿Qué es el amor?

El amor es uno de los tres grandes temas de la literatura. Y supongo que lo es porque se trata de un asunto tan esquivo a la ciencia como inasible por el lenguaje.

¿Cuáles crees que son tus fuertes en la escritura?

No sé si hay fortalezas -o fragilidades- en una escritura. Hay escrituras. Algunas, más afortunadas que otras. Como lectora, me detengo en la gramática de lo que leo. Me produce fascinación encontrar una frase lograda, una sintaxis feliz. La subrayo, la releo y sonrío encantada. A veces me quedo un rato largo, absorta, sólo mirando esa frase. Y es invariable: leo con los ojos ávidos, la lapicera lista, al acecho, queriendo encontrar una construcción que me deslumbre. Cuando eso sucede, siento una inmensa gratitud.

¿Estás enamorada?

El enamoramiento es un estado muy desgraciado. Trato de evitarlo.

¿Cinco escritores imprescindibles?

A como me vienen a la cabeza: Nabokov, Lobo Antunes, Quignard, Bolaño, Lispector, Lobo Antunes, Rulfo, Onetti, Arlt, Lobo Antunes, Yourcenar, Saer, M. Cohen, Lobo Antunes, Vila-Matas, Vonnegut, Foster Wallace. Y Lobo Antunes.

¿Cuál sería el título de tu autobiografía?

Prólogo a la nada.


Mariana Travacio:  Nació en Rosario, vivió en São Paulo y actualmente reside en Buenos Aires. Es Licenciada en Psicología y Magister en Escritura Creativa. Se desempeñó como docente en la Cátedra de Psicología Forense de la Universidad de Buenos Aires y publicó diversos trabajos en su órbita profesional. Sus cuentos han sido publicados en diversas antologías y revistas de Argentina, Uruguay, España y Estados Unidos. Ha sido jurado de concursos de narrativa en los géneros cuento y novela. Recibió numerosos reconocimientos literarios en concursos nacionales e internacionales, entre ellos, ha sido finalista en el Premio Juan Rulfo (Francia, 2012), en el Concurso de Narrativa Eugenio Cambaceres de la Bilbioteca Nacional (Argentina, 2013), en el Premio Caza de Letras de la Universidad Autónoma de México (México, 2013), y en el Premio Internacional Julio Cortázar de la Universidad de La laguna (España, 2014). En 2015 obtuvo el Premio Internacional de Relatos Cortos José Nogales (Huelva, España) y el Premio de Narrativa de la Hispanic Culture Review (George Mason University, USA). En 2016 su cuento “Todo tranquilo y el viento adentro” recibió una primera mención en el Premio Iberoamericano de cuento Julio Cortázar (La Habana, Cuba). Es autora del libro de relatos Cotidiano (Baltasara Editora, 2015) y de la novela Como si existiese el perdón (Metalúcida Editora, 2016). En 2017 publicará “Entre gardenias”, libro de cuentos, también por Metalúcida Editora.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s