#Crónica | Viaje al destino de Irène Némirovsky, por Silvia Renee Arias

#Crónica

 

 

Por Silvia Renee Arias

A propósito de la publicación de La Presa, de Irène Némirovsky, la autora de este artículo viajó a Issy-l’Éveque, pueblo francés donde la gran escritora de origen ruso y asesinada por los nazis, se refugió con su familia y escribió varios de sus libros. El legendario Hôtel des Voyageurs sigue allí, testimonio de una historia a la que nunca le ganará el olvido.

Son las once menos cuarto de una noche de marzo. El coche recorre una sinuosa y estrecha carretera de Saône-et-Loire, región de la Francia profunda, rural. Alrededor ha desaparecido “la comarca, salpicada de pequeños y frondosos valles, fértil, secreta”. Al cabo de seis kilómetros desde la ruta principal, tras una curva cerrada, un cartel reza “La Somme” y aparece un puente angosto que atraviesa un arroyo mínimo. Una luna enorme se esconde detrás de gigantescas nubes grises y negras. Avanzamos; el terreno se eleva y ahí está el cartel que anuncia, por fin, “Issy-L’Évêque”.

En este pueblito se refugió Irène Némirovsky, cuya última novedad editorial es la traducción al castellano, por parte de Salamandra, de La Presa (ver recuadro). El pueblo se reduce a algunas antiquísimas casonas de dos plantas a la vera de la ruta vecinal. Más allá, en una pequeña plaza, un monumento recuerda a los caídos en la Primera Guerra, y uno siente que se ha colado entre las inolvidables páginas de Suite francesa, o tal vez en las de El ardor de la sangre, puesto que la acción de este libro transcurre aquí, o en los dos al mismo tiempo. Y cómo no divagar que uno está soñando esa puerta que es un arco de piedra que lleva a la iglesia que se divisa ahora en una oscuridad extraña, entre “adustas casas” con “sus salones atestados de muebles, siempre cerrados y helados para ahorrarse el fuego…” Veo, o imagino más bien, a señoras que salen de esa iglesia “con los niños e, imperturbables bajo sus tocas, se abren paso entre los soldados”. En la Rue de la Église todo lo llena el silencio. Un par de autos estacionados en la calle que asciende, a la derecha, hacia ninguna luz, indica que el pueblo no está abandonado. Vuelvo a atravesar el arco, ahora de regreso, y esta vez advierto un restaurante veinte metros más allá. A través de una ventana diviso a varios hombres que comen alrededor de una misma larga mesa. Ingreso a través de una terraza de austeras mesas y sillas vacías. Abro la puerta y me delata su rechinar. Los hombres giran sus cabezas al mismo tiempo, como si ver entrar a alguien (y qué decir de una mujer a las once de la noche y con una cámara fotográfica) no fuera lo más natural del mundo. Y tal vez no lo sea. De modo que permanecen en esa posición y me escuchan preguntar a continuación, dirigiéndome a quien al parecer es el dueño del restaurante, que se ha acercado a la barra con cara de desconfianza: “Buenas noches, señor. Dígame, por favor, ¿existe todavía el Hôtel des Voyageurs?”

Que sí, dice el hombre, que existe. Pero está cerrado. (No es un sueño, entonces). Bien. ¿Y está lejos de aquí? No, apenas a cuarenta metros hacia el camino por el que he subido, la Route de Luzy.

En efecto, ahí se alza, en una esquina de luz mortecina, el emblemático hotel. A pesar de su clausura, es fácil ver, imaginar, soñar o recordar, una puerta que se abre y “hace tintinear una campanilla”, para dar con “la sala del café, oscura y llena humo, en la que arde una oronda estufa de ojo incandescente”, y los espejos que “reflejan los veladores de mármol, el billar, el canapé de cuero, lleno de grietas, el calendario, que data de 1919 y representa a una alsaciana con medias blancas entre dos militares”. Puertas adentro están los suboficiales que “reservaron el salón principal para utilizarlo como comedor”. Y los ocho campesinos (¿quién me disuade de que no son los que he visto comiendo en el restaurante?), que “juegan a las cartas, intercambian las palabras rituales, entre el ruido de los corchos de las botellas de tinto y el entrechocar de los vasos de cristal corriente en las mesas”. Y de pronto están allí algunos parisinos que entran en la sala “riendo y dando voces”, y algunas mujeres que “se acercan a las ventanas y contemplan la pequeña y pedregosa calle” sobre la que me encuentro, “y las casas dormidas”. Todo está dormido aquí, menos el recuerdo.

Irene 2.jpg

Es a este recatado Issy-L’Évêque adonde escapando de la guerra llegaron desde París, el 1 de septiembre de 1939, Irène y su esposo, Michel Epstein, con sus hijas Denise y Élisabeth, puesto que la niñera, Cécile Michaud, era natural de este pueblo de Bourgogne. Irène lo conoció en 1937, a poco de nacer Élisabeth, y lo menciona por primera vez en sus diarios el 25 de abril de 1938: “Regreso a Issy-l`Evêque: cuatro días plenos de felicidad. ¿Qué más se puede pedir? Gracias a Dios por esto y esperanza”. Olvidaba allí “su fatiga y sus consecuencias”, según apuntan sus biógrafos franceses Olivier Philipponnat y Patrick Lienhardt en la espléndida biografía La vie d’ Irène Némirovsky.

La escritora volvió a Issy-l’Evêque en marzo, abril y junio de 1940, más precisamente el 14, cuando los alemanes entraron en París, cuatro días después de que lo hiciera Michel, y ocho antes de que los invasores lo hicieran en el pueblo, el 22 de junio. Pero esos soldados alemanes no eran asesinos: se ocupaban, dicen los citados biógrafos, “de cortar leña, beber, jugar al billar y hacer saltar a la pequeña Élisabeth sobre sus rodillas”. Una niña que en 1995 publicará la biografía de su madre, y un año después, poco antes de morir prematuramente, Un paisaje de cenizas (que acaba de aparecer en España bajo el sello Nocturna Ediciones), donde cuenta, con la misma prosa cautivante de su madre, en clave de ficción, lo vivido con su hermana tras la trágica pérdida de sus padres.

El 29 de octubre de 1940, Irène escribe: “Por momentos, angustia insoportable. Sensación de pesadilla. Esperanza absurda. Si supiera encontrar el camino de sacar de esta historia a los míos y a mí. Imposible”. En noviembre, sin embargo, proyecta lo que será “Suite francesa”, y el 23 de febrero, además de titular a la primera parte como “Tormenta en junio”, dibuja en una página del manuscrito un gran mapa del macizo central, donde Issy-l’Éveque aparece en el ángulo superior, y el 2 de abril termina la primera versión.

Tras una estadía en París, en junio de 1941 el matrimonio vuelve al pueblo a reunirse con sus hijas en el Hôtel des Voyageurs, y permanecen allí durante un año, para mudarse a una amplia casa burguesa que alquilan en el mismo pueblo.

El junio de 1942, la escritora tiene el presentimiento de que le queda poco tiempo de vida, y redacta un testamento a favor de la tutora de sus hijas. Y, si nos atenemos a sus diarios, el 11 de julio es su último día de felicidad: trabaja en el pinar, sentada sobre su jersey de lana azul, “en medio de un océano de hojas podridas y empapadas por la tormenta de la pasada noche como sobre una balsa, con las piernas dobladas bajo el cuerpo”. Dos días después es detenida, y el 16 de julio internada en el campo de concentración de Pithiviers, antesala, junto con Drancy, de los campos de exterminio: de allí partían los convoyes de trenes para el Este. El suyo, número 6, partió al día siguiente a Auschwitz, donde según sus biógrafos, murió de tifus el 17 de agosto.

Issy-l’Éveque duerme su sueño profundo. Tomo algunas fotografías. Es tarde. El viaje debe proseguir. “Gracias a Dios por esta noche”, pienso. Y esperanza.


 | RECUADRO | Reseña

“La Presa”: el éxito y la naturaleza

Un personaje de “La Presa”, última novela de Némirovsky publicada en español por Salamandra y escrita en 1938, se lamenta: “No ignoro las satisfacciones de la ambición, del éxito, pero ¿qué es todo eso para mí?”. Alrededor de esta frase —retrato del sufrimiento moral de Jean-Luc Daguerre, un joven de origen modesto pero ambicioso que logra casarse con la hija de un banquero—, gira esta nueva muestra del talento de la autora. Un tema y una profundidad psicológica, amén de ambientes, emociones y diálogos, que nos recuerdan la riqueza de Zola, de Maupassant, y también de Edith Wharton, sobre todo en La piedra de toque, por su prosa detallista y su capacidad para retratar personajes inolvidables. Y es que ambas se destacan entre las voces femeninas de principios del siglo XX con su mirada hacia una burguesía hipócrita e insensible, y mantienen una frescura y una actualidad que las vuelve clásicas.

En Varsovia, en 1937, Bruno Schulz escribió sobre este libro (traducido como La carrera, dudoso título aunque es cierto que “La Proie”, en original francés, alude a la presa en la que se convierte el hombre mismo, y no a una reclusa), donde destaca que Némirovsky presenta “la problemática y la mística del éxito”, y acomete “una labor mayor que, sirviéndose de un caso particular, pretende revelar un aspecto más universal, dar cierta clase de diagnosis total sobre la vida y el destino humanos”. Agrega en su artículo —aparecido en el espléndido “Bruno Schulz, Madurar hacia la infancia”, Siruela, 2008— que el protagonista, “hijo de la generación prematuramente madura de la posguerra, siendo aun muy joven llega a tener una opinión nítida sobre el sistema de fuerzas en la vida contemporánea, el implacable mecanismo que condena a millones de personas a una vegetación yerma en los bajos sociales, y, sintiendo una profunda repulsión hacia el explotado, se propone ocupar un lugar en la cima, con toda la fuerza de su maximalismo juvenil”. Pero comete el error  de calcular mal su propia naturaleza. Schulz, además, en el sentido de lo trágico del amor, señala que le recuerda a Zofia Nalkowska, referente de la literatura polaca de vanguardia y que fuera su descubridora, al igual que lo fue de Witold Gombrowicz.

En cualquier caso, tal vez es una frase de Sándor Márai, en “El último encuentro”, donde podemos encontrar otra pista de lo que pretende decirnos Némirovsky: “Pero en el fondo de tu alma habitaba una emoción convulsa, un deseo constante, el deseo de ser diferente de lo que eras. Es la mayor tragedia con que el destino puede castigar a una persona. El deseo de ser diferentes de quienes somos: no puede latir otro deseo más doloroso en el corazón humano. Porque la vida no se puede soportar de otra manera que sabiendo que nos conformamos con lo que significamos para nosotros mismos y para el mundo”.


SOBRE LA AUTORA:

unnamedSILVIA RENEE ARIAS Nacida en Tres Arroyos (Buenos Aires), en 1984 se trasladó a Buenos Aires para cursar estudios de periodismo. Luego de obtener la graduación, comenzó a desarrollar su actividad periodística en Editorial Perfil, en una de cuyas publicaciones se desempeñó como Redactora y luego como Secretaria de Redacción, además de haber colaborado en distintas revistas deportivas y culturales. Actualmente colabora en distintos medios, y es reseñista del Suplemento Cultura del Diario Perfil. En 1988 el sello Lázara Grupo Editor dio a conocer su primer libro, Bioy en privado, que reúne conversaciones que mantuvo con Adolfo Bioy Casares. En 2002, Tusquets Editores publicó Los Bioy, finalista del Premio Comillas de España, un éxito editorial y de crítica que estuvo varios meses en los primeros puestos de los libros más vendidos en la Argentina, y que fuera publicado también en España en edición de bolsillo. En el mismo tuvo a cargo narrar las vivencias de Jovita Iglesias de Montes, ama de llaves de Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo. Su último libro publicado hasta la fecha, también en Tusquets Editores, en 2016, es “Bioygrafía. Vida y obra de Adolfo Bioy Casares”. Sus cuentos han sido publicados en distintos medios periodísticos y antologías, como El Impulso Nocturno (Grupo Literario Alejandría, 2007), y Mujeres que Alzan la Voz, 2009. Actualmente trabaja en un libro de cuentos y en una novela.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s