#Dossier | Sara Gallardo:pasajera en tránsito, por Victoria Mora

#Dossier

Por Victoria Mora

 

Pasajera en trance/pasajera en tránsito perpetuo.
 Pasajera en trance/transitando los lugares ciertos.
Charly García, Pasajera en trance

 

 

La escritora Sara Gallardo siempre fue alguien en tránsito, de un mundo a otro. Su vida y su literatura están pobladas de viajes y transiciones a todos los universos posibles que nos permite la realidad cuando se sabe ver. Y ella, sin dudas, era alguien que podía percibir el más allá de la superficie, sumergiéndose en el envés de las cosas, incluso cuando allí anidara la desgracia, la fatalidad del destino y muchas veces el horror. En este dossier se abarcan cuestiones centrales de su escritura, se repasa su obra y se invita a leer a una autora vigente y presente en la literatura de nuestro país.

 

Sara Gallardo manejaba con maestría lo no dicho, lo que se esconde elípticamente tras lo que se elige decir, porque en las grietas del lenguaje se encuentra la verdad y lo genuino de la historia que se cuenta. Es notable ya desde su primera novela esta marca en su escritura, Enero escrita en 1955 y publicada tres años después relata la historia de Nefer la adolescente hija de un puestero que queda embarazada producto de una situación de forzamiento. Gallardo elige contar la historia desde el sufrimiento y humillación de esta joven campesina aunque no deja de incluir y retratar las distintas voces presentes en el campo argentino e incluso el escenario termina siendo protagonista. En su prólogo al libro Narrativa breve (Emecé, 2004) Leopoldo Brizuela escribe “el campo está evocado, aun en lo mínimo y feo, con precisión y amor de naturalista, pero siempre incorporado a la acción, y con una capacidad de sugerir el silencio y el vacío más próxima al lirismo de Juan L. Ortiz que a cualquier narrador contemporáneo”.

Su pasión por estos escenarios deviene de su infancia y su tradición familiar. Nació en 1931, su nombre completo es Sara Gallardo Drago Mitre, es hija del historiador Guillermo Gallardo y nieta del naturalista y político Ángel Gallardo. Por la vía de su madre era bisnieta del escritor Miguel Cané y tataranieta de Bartolomé Mitre. En un texto autobiográfico que incluye en un libro infantil ¡Adelante, la isla! (Editorial Abril, 1983) cuenta sobre su infancia en el campo, sobre anécdotas de aventuras compartidas con sus hermanos en un territorio lleno de animales, cuenta sobre las leyendas y los ruidos que se convirtieron en “tesoros” para luego poblar sus letras. Sin embargo, es en la singularidad de su mirada donde radica el valor de la literatura de Gallardo: no se trata de los temas que retoma, que pueden ser recurrentes en la literatura argentina en relación a la gauchesca y los relatos sobre la fundación de la Patria, sino que se trata sobre el punto de vista de las otras voces que habitan en Gallardo, la de los desclasados, la de los pueblos oprimidos, la de las mujeres sometidas. El año que escribe Enero es el mismo en que se casa con Luis Pico Estrada con quien tiene dos hijos, Paula y Agustín.

Su segunda novela incluye un pasaje a la vida de ciudad de la oligarquía porteña con sus tardes de verano en las islas del Tigre. Pantalones azules (1963) es la historia del militante ultracatólico antisemita Alejandro Hernández quien conoce a Irma y a sus pantalones azules una tarde en la isla, en los jardines de la bondadosa tía que invita a disfrutar de su playa a los estudiantes. Comienza una relación entre Alejandro e Irma, una descendiente de judíos, que pone en jaque al amor que siente por su novia y sus ideales. En las visitas de Alejandro al campo de la familia de su novia también se revelan historias donde la hipocresía, la opresión y la pobreza del campesinado, frente a la opulencia de los terratenientes, serán protagonistas.

A mediados de los sesenta se divorcia de Pico Estrada y comienza a recorrer los caminos del Nuevo Periodismo donde volverá a brillar con su pluma cargada de ironía, humor y sutileza, lo que le permite abordar los más diversos temas de la vida, la cultura y la política contemporánea. Como testimonio de este período, están las preciosas columnas de la revista Confirmado que, como perlas, conforman distintos collares que pueden leerse hoy de forma enlazada, en la compilación que llevó adelante Lucía de Leone en un reciente libro que lleva por título Macaneos (Ediciones Winograd, 2015), aludiendo al estilo de macanear que detentaba la escritora. En un estudio preliminar exhaustivo y de lectura ineludible centrado en la obra periodística de Sara Gallardo, De Leone escribe: “Confirmado es también el espacio donde reescribir en clave burlesca la uniformidad que le imponían algunas de sus tareas periodísticas previas. Allí Gallardo va a encontrar un tono propio- el desenfado, la incoherencia, la irreverencia- y a impostar una posición de enunciación-la desinformación y la ignorancia- sobre los que asentar un modo personal de ejercer el periodismo”. Las columnas, que formaban parte del sector femenino de una revista para el ejecutivo y empresario moderno, así como para el intelectual de clase media, son además de un modo de ganarse la vida y ejercer el periodismo, una vía regia de acceso a nuevos lectores para sus obras de ficción. Las columnas en este semanario abarcan desde el año 1967 hasta 1972. De Leone en su artículo “Una autora en busca de un personaje. Las columnas de Sara Gallardo en Confirmado” (Escrito en el viento, Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras 2013) escribe: “La columna semanal de Gallardo-que ella definió como “la carcajada general”- se perfilaba como la plataforma divertida o la zona liberada para el macaneo, la divagación, las reflexiones sobre la propia práctica, y la constante autorreferencia. En el marco del semanario serio, masculino y para ejecutivos, las columnas de Gallardo pugnan por que la desinformación y cierta entonación de la frivolidad femenina le empaten a las noticias”

En esos años publica su novela Los galgos, los galgos (1968) donde la herencia es el tema que dispara la historia que comienza con el patrimonio recibido por Julián, el protagonista, tras la muerte de su padre. Pero también habla de qué se hace con la herencia simbólica y los mandatos de clase que parecen un destino inalterable. Julián elige esta tierra cediendo a su hermano parte de su herencia, allí comienza una historia de amor y desamor, de momentos brillantes y de turbulencias con ese territorio salvaje, con su mujer Lisa, y con los galgos con los que empezará a vincularse de una manera muy singular a partir de la llegada a la porción del mundo que ahora es suya. “‒ ¡Somos dueños de un pedazo de planeta! ‒ gritaba Lisa, y se ponía a bailar como loca, me arrastraba con ella, me cubría de besos.

Lo del planeta me sonaba exagerado. Pensándolo mejor, comprendía que en verdad había heredado un pequeño pedazo de planeta. Herencia rara por cierto, aunque por lo visto nadie se extraña de las auténticas rarezas” escribe Gallardo que dice Julián en este relato en primera persona. Y más adelante: “Sabemos igualmente que el mal que aventa los amores no es un mal que ronde desde afuera: anida dentro de uno”.

Dos años después de esta publicación se casa con el escritor, poeta y filósofo Héctor A. Murena con quién tendrá a su tercer hijo Sebastián. De los primeros años compartidos con Murena es su novela Eisejuaz (1971) que bien podría considerarse la gran invención de Sara Gallardo. Se dice que Murena la instaba a salirse de su clase para escribir. Sin dudas esta novela es un pasaje definitivo a otro mundo. Ese otro mundo que formaban los aborígenes del norte argentino. Cuenta la propia Gallardo en su mencionado texto autobiográfico “Varias veces fuimos a Salta. Primero a los Valles Calchaquíes y después al río Bermejo, donde vimos selvas y loros de colores y conocimos a indios de varias razas que allí se mueren de tristeza y miseria. De esos viajes salió el cuarto de mis libros, Eisejuaz. Está escrito en un idioma medio inventado, pero a la segunda página uno se acostumbra. De lo que allí se lee varias cosas me las contó un indio mataco que se llama por supuesto, Eisejuaz” Estos viajes los realizaba en el marco de su oficio periodístico y luego, la autora los transformaba en su literatura. Sin dudas, ésta es una novela inmensa que conecta con lo más horroroso que anida dentro del ser como anticipaba en Los galgos, los galgos y que se propaga de manera inevitable a los otros y a una sociedad entera atravesada por el mal que recuerda a los climas creados por el gran Juan Rulfo.

Escribe Manuel Mujica Láinez en una carta a Sara Gallardo, luego de leer la novela: “En fin, me despido saturado, gracias a ti, de imágenes nuevas y quedo en compañía de un héroe mitad ángel y mitad monstruo que, en el medio de la mediocridad intelectual que nos rodea, se alza con la robustez de un testimonio” Mujica Láinez emplea la palabra justa, al leer esta novela la sensación es la de la saturación de imágenes desconocidas que invitan a visitar el lado más oscuro de una sociedad en la voz de un marginal, mataco hijo de chaman habitado por un espíritu que lo guía, de una voz en su interior que lo impulsa por senderos habitados por la certeza aunque no necesariamente por la comprensión.

En el prólogo a la edición de El cuenco de plata Martín Kohan escribe: “Lo que proporciona Eisejuaz es un estado de vacilación perdurable, que no podrá-ni querrá- resolverse (…) Hay en Sara Gallardo una originalidad tan radical, que lo más justo es inscribirla en esa zona de la literatura latinoamericana de los libros que se parecen a nada, y que no encajan ni aun en el canon de la heterodoxia finalmente establecida, y que no van a aparecer o a recordarse sin dejar de ser un descubrimiento (…) Los libros de Sara Gallardo transcurren en esa franja, la que prefiere el no decir al decir”

En 1975 queda viuda tras la muerte de Murena y allí comienza de manera definitiva una vida nómade que la conduce primero a Córdoba, donde la recibe en su casa su entonces amigo Manuel Mujica Láinez, y luego continúa por Barcelona, Suiza y Roma y desde estos nuevos  lugares continúa su trabajo como periodista.

En 1977 publica El país del humo, su único libro de cuentos donde literalmente hace estallar los géneros y aparecen relatos de todas las índoles, sin nunca abandonar la marca que Kohan define como la preferencia del no decir al decir. Allí es donde da vida a lo inanimado, los animales, ratas, caballos, los escenarios, los trenes, cobran protagonismo e incluso los barrios se vuelven mares. Sostiene su impronta de dar voz a los desclasados, los inmigrantes, las mujeres sometidas o las amantes negadas. Son cuentos que transcurren en los tiempos de fundación de la Nación “usando el punto de vista de todo lo secreto”, como escribe Brizuela.

 

La rosa en el viento (1979) es su siguiente novela que está construida a partir del entramado de distintas voces. Presenta una escritura entre fluida y criptica que recuerda a la de Clarice Lispector. Vuelve sobre las  historias del surgimiento de la Patria en la población de la Patagonia y también la vida en la ciudad en este caso el conventillo de inmigrantes de principio de siglo. La revista Confirmado la entrevistó a propósito de la salida de esta novela, allí Gallardo dijo: “Procuré realizar un mundo, un micromundo que hiciera soñar. Últimamente creo que el deber del artista es hacer soñar, no hacer pensar. Cada vez veo más claramente aquello que dijo Shakespeare, que nuestra vida está hecha de la materia de los sueños”

Mención aparte merecen sus relatos infantiles que también son testimonios de la necesidad de la autora de viajar a otros mundos de atravesar puertas reales o simbólicas  que esconden universos insospechados, como Nicolás el protagonista de Las siete puertas (1975) que encuentra sorpresas inimaginables cada vez que abre una de las puertas de la misteriosa salita de la casa, en apariencia aburrida de su tía abuela. O como Abel, Pedro y Luis los protagonistas de ¡Adelante, la isla! (1982) que logran escapar de vidas miserables para encontrar realidades maravillosas que salvan los días escapando por pasadizos increíbles y oportunidades que se abren a sus pasos.

El viaje de Sara Gallardo llegó a su fin en Buenos Aires en 1988 producto de un ataque de asma, enfermedad que padecía desde su infancia. Nos dejó un mundo de lecturas que cumplen con el deber que ella creía para los artistas, el de no cesar de hacernos soñar.

 

 


SOBRE LA AUTORA

foto-victoria-moraVICTORIA MORA nació en Buenos Aires en 1979. Es psicoanalista, docente y narradora. Ha participado en jornadas y publicado trabajos entrecruzando psicoanálisis y literatura. En 2012 ganó el primer premio del concurso de cuentos de la Fiesta Nacional de las Letras de Necochea con su cuento “El último tren”.”Demasiado tarde” fue uno de los cuentos ganadores del Concurso literario Micaela Bastidas organizado por el INADI. En 2013 su cuento “Herencias” resultó uno de los ganadores del Concurso del 1° de Mayo organizado por la Casa de los trabajadores de Córdoba. Su cuento “Rescate” fue finalista y parte de la Antología del Certamen literario de Editorial Alma de diamante (2013). Fue finalista del II Concurso de cuento breve Osvaldo Soriano organizado por la facultad de Periodismo de la UNLP con su cuento “Huellas” (2014). Su microrrelato “Masacre” recibió una mención en el Concurso Provincial de Murales Literarios (2014). En 2014 publicó su primer libro de cuentos Un mundo oscuro por editorial Llanto de mudo. Colabora con las revistas digitales Kundra y Mercurio Contenidos.

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