#Narrativa |En dirección (o en el aula II), por Lucas Berruezo

#Narrativa

Por Lucas Berruezo

―Sabíamos que el profe era depresivo, pero nunca esperamos algo así. A lo sumo teníamos que soportarlo con el pelo y la barba larga, un poco sucio es verdad, pero le quedaba bien. Era profesor de filosofía. Los filósofos se supone que son así… Raros. Pero lo que hizo… Eso sí que no tiene comparación con nada de lo que haya hecho antes, ni él ni ningún otro profesor. Pero bueno, supongo que quiere que hable, exactamente, de lo que pasó hoy. La verdad es que lo vimos distinto, de una. Entró con una sonrisa. Y era raro que él sonriera. Se veía distinto. Carolina dijo «radiante», y ahora que lo pienso, esa palabra va bastante bien. Tenía una luz que nunca antes le habíamos visto. Una de las chicas, no recuerdo si la misma Caro o Eugenia, dijo que por fin el profe la había puesto, pero más allá de las risas, todas estábamos de acuerdo en que algo había cambiado. Al menos en ese momento. La cuestión es que teníamos una prueba escrita planificada para hoy. Nos iba a tomar desde los presocráticos hasta Platón, con todas esas cosas del Ente, las ideas, la caverna y yo qué sé qué más. La verdad es que no estudié tanto. Confiaba en sentarme con Maca, que de eso siempre sabe. Y el profe entró, saludó (¡sonriendo!) y dijo que no iba a tomar la prueba, que le interesaba más charlar. Y empezó a hablar, de una forma que no era como la de siempre. Sí, la palabra «radiante» tiene cada vez más sentido. ¿No le pasa que hay palabras con las que al principio no está de acuerdo, pero que después de aceptarlas tienen cada vez más y más sentido hasta que llegan al punto de hacernos preguntarnos cómo habíamos dudado en usarlas en un principio? En fin, la clase estuvo buena, y mire que es raro que una clase de filosofía esté buena. Hablamos de lo que el profe llamó «el problema más importante para el ser humano: el problema del Ser». Hasta lo escribió en el pizarrón: «El problema del Ser». No se me va a borrar más de la vista, más que nada porque la sangre justo manchó «Ser», como si hubiese sido a propósito. Aunque, bien visto, sí fue a propósito. Después empezó a hablar de ese escritor… Shakespeare. El de Romeo y Julieta. Dijo que muchas veces los mejores filósofos de la Humanidad ni siquiera son filósofos. Eso era lo que había pasado con ese Shakespeare. Y habló de una obra que no me acuerdo el nombre… Era el nombre de un tipo… Y dijo que en esa obra se planteaba mejor que en ningún tratado de filosofía el dilema del ser humano ante la existencia. Nos dijo esa frase que es tan famosa: «Ser o no ser, esa es la cuestión». En la clase me enteré que «cuestión» quiere decir «pregunta». Si se lo repite sacando «cuestión» y poniendo «pregunta» tiene mucho más sentido, además de que queda más linda: «Ser o no ser, esa es la pregunta». Mucho mejor. También esa frase la escribió en el pizarrón (y fue la más afectada por la sangre), pero lo hizo con la palabra «cuestión», como suele decirse, y no con la palabra «pregunta». Y le dio la razón a ese Shakespeare con tanta fuerza que parecía que en cualquier momento se iba a poner a llorar o a reír a carcajadas ahí nomás, delante de todos. Y por fin hizo lo que hizo. Se paró enfrente del curso, se rió con esa sonrisa que era nueva para nosotros, estiró los dos brazos a los costados (como si estuviera recibiendo el aplauso de un público en el teatro) y nos dijo: «Ya no tengo nada que decir. El problema del Ser nunca se va a solucionar mientras vivamos en la materia. “Ser o no ser”, ya no hay ninguna cuestión. La respuesta está en nuestras manos. Que esto sea lo último que escriba en el pizarrón». Y ahí nomás sacó el arma de no sé dónde y se la metió en la boca. Fue todo tan rápido que no pudimos reaccionar, aunque de haber tenido tiempo dudo que hayamos hecho algo. ¿Qué íbamos a hacer? ¿Tirarnos encima? ¿Y si nos mataba a nosotros? Así que no hicimos nada, simplemente miramos cómo se metía la pistola en la boca y disparaba. En seguida la parte de arriba de la cabeza se levantó como si fuera la tapa de uno de esos tachos de basura que se abren con un pedal en el piso, y el pizarrón quedó todo manchado con una masa de color rojo y blanco, aunque era más blanca que otra cosa. Algunas chicas gritaron y un chico, Daniel, vomitó, pero lo que más hubo fue silencio. Lo más raro de todo era la mirada del profe. Incluso muerto parecía que la sonrisa de su boca se había trasladado a sus ojos. Eran ojos felices. Yo sé que hay quienes dicen que nosotros lo matamos para que no nos tome la prueba, y sé que por eso nos están llamando a dirección para que cada uno dé su versión de lo que pasó, pero mire que vamos a matar a alguien para que no tome una prueba. Ni que fuera tan importante. La sangre en las manos de Claudio y Miguel se debe a que quisieron levantarlo, nada más. Recuerde que el profe era depresivo, y que las personas depresivas suelen hacer esas cosas. También sé que andan diciendo que algunos de nosotros nos guardamos parte de esa masa blanca que quedó pegada en el pizarrón como souvenir. ¡Una locura! Lo que pasa es que algunos chicos, creo que fueron Franco y Tomás, pero no estoy del todo segura, quisieron limpiar el pizarrón para ver qué había debajo de esa cosa pegajosa. Es que muchos decíamos que había escrito la frase usando la palabra «cuestión» y otros decían que había usado «pregunta». Por eso tenían restos de esa masa en las manos y en los bolsillos, porque quisieron limpiar el pizarrón, nada más. Y por eso también estoy tan segura de que usó la palabra «cuestión» y no «pregunta». Pero matar a un profesor… Naaaaa. Menos por una prueba. Recuerde que el profe era depresivo, y los depresivos hacen esas cosas. No los alumnos. Los depresivos. Y si los depresivos son filósofos, más. ¿Me puedo ir ya? Bueno, muchas gracias. No es que esté apurada, lo que pasa es que mañana tenemos prueba de matemáticas. ¿Tiene idea de si se van a suspender las clases? Deberían. Pero bueno, por las dudas voy a estudiar igual. Además, la profe de matemáticas está re loca. Esa sí que es todo un personaje. Gracias.

L.I.B

30/04/2016


SOBRE EL AUTOR:

14440992_1071252079597424_4208531791339825640_nLUCAS BERRUEZO (Buenos Aires, 1982) es Licenciado en Letras (UBA), docente y escritor. Prologó las antologías de cuentos fantásticos y de horror Mundos en tinieblas (Galmort, 2008 y 2009) y participó, junto a escritores como Alberto Laiseca, Luis Mey y Liliana Bodoc, en Haikus Bilardo (Muerde Muertos, 2014) de Fernando Figueras y José María Marcos. Sus cuentos y artículos circulan por la web en distintas revistas, como Insomnia, miNatura y Axxón. Gestiona El lugar de lo fantástico, espacio dedicado a la literatura y el cine de terror. En 2015, Muerde Muertos publicó su primera novela Los hombres malos usan sombrero (que fue incluida como bibliografía obligatoria en el seminario de grado sobre Escritura Creativa que Elsa Drucaroff dictó en 2015 en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA) y su cuento “Esperando a Matías” formó parte de Mala sangre, la primera antología de terror de la colección PelosDePunta.

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