#Crónica | La relación íntima entre Octavio Paz y Julio Cortázar, por Juan Camilo Rincón

#Crónica

El diplomático amigo

 

“Cortázar es el escritor de mi lengua

 del que yo me siento más cerca”[1].

Octavio Paz

Por Juan Camilo Rincón (Colombia)

 

Pese a la guerra ya culminada, París seguía siendo una fiesta; los bombardeos habían dejado marcas indelebles, pero el corazón de la Ciudad Luz siguió latiendo con toda su fuerza. El arte emanaba en cada rincón, motivando a Julio Cortázar a adentrarse en aquella tierra. Aunque sus primeros años en la capital francesa fueron difíciles, logró sobrevivirlos gracias a sus amigos. Uno de los primeros fue el nobel mexicano Octavio Paz; su amistad nació cuando el autor de Las peras del olmo arribó en 1959 a París[2], y se mantuvo durante casi toda su vida, pese a algunas diferencias políticas que tenían. En sus noches de jóvenes tertuliaban y hablaban de literatura, compartiendo esos espacios con la poeta Alejandra Pizarnik, quien vivió alrededor de cuatro años en la ciudad, donde escribió su poemario Árbol de Diana.

Los ensayos y la poesía de Paz maravillaron a Julio aun desde antes de conocerse, al punto de afirmar que la escritura de aquel fue una luz latinoamericana en tierras europeas. Cuando leyó por primera vez El arco y la lira, un envío hecho por el mismo Octavio a París, Cortázar se sintió impresionado por sus letras. Como respuesta, le escribió:

Octavio-Paz-piedra-de-sol

Le digo esto para que tenga la seguridad de que mi entusiasmo, mi admiración y mi alegría frente a su obra no son actitud de novicio sino de reconocimiento –por fin– de un trabajo profundo y complejo sobre algo que es con mucho uno de los fuegos centrales, sino el mismísimo fuego central del hombre. Octavio, yo creo que usted ha mostrado en su libro lo que me parece ser la característica más profunda del pensador, del ensayista latinoamericano –y muy en especial del mexicano y del argentino-. Me refiero a esa posibilidad que nos ha sido dada (y de la que todavía hacemos poco uso) de conocer y de explorar un tema desde todos sus ángulos, sin la reducción inevitable a un modo de pensar, a una cultura dada, que es el signo fatal de los trabajadores europeos[3].

La fascinación del argentino no solo iba dirigida hacia sus libros de ensayo, sino también a su poesía; se refería a él así: “Y usted, poeta y de los mejores (cuánto me alegro de haberlo dicho alguna vez para los argentinos…)”[4]. Por ello, vio con profunda alegría que el traductor Paul Blackburn llevara al inglés la obra de su amigo mexicano; al respecto, le dijo: “Me alegro de saber que traduces a Arreola y a Paz, sobre todo Paz es un poeta que me gusta mucho, y un muchacho excelente”[5].

Múltiples señales de complicidad se encuentran en sus obras, y su relación fue tan estrecha que hay reseñas y textos de Paz en la obra de Cortázar, como en Salvo el Crepúsculo o el capítulo 149 de Rayuela:

 

Mis pasos en esta calle

Resuenan

En otra calle

Donde

Oigo mis pasos

Pasar en esta calle

Donde

Sólo es real la niebla.

 

Octavio Paz

 

Por su parte, el escritor manito reconoce que “Rayuela es el primer gran intento narrativo en lengua castellana de literatura combinatoria”, para luego afirmar: “No es que Cortázar tenga que expresar una realidad, sino que la realidad de Cortázar es la experiencia misma verbal, el acto mismo de crear”[6]. En la dedicatoria de “Viento entero”, el mexicano escribe: “A Julio —no César: ¡Cortázar!; no capitán general—solitario combatiente en las fronteras ilimitadas del lenguaje, su lector, su partidario, su amigo”[7].

Julio Cortazar (1914-1984)  ecrivain argentin.
Julio Cortazar (1914-1984)

En 1968, cuando estaba finalizando su libro Último round, Julio viaja a Asia por asuntos laborales y turísticos. En su primera parada quiso visitar a Paz en Nueva Delhi, quien estaba representando a México como diplomático. Inspirado en este reencuentro, el autor argentino escribió los poemas “720 círculos”[8] y “Jardín para Octavio Paz”[9].

Este recorrido por tierras indias marcó al argentino de forma significativa, debido al contraste entre las extraordinarias obras arquitectónicas y la pobreza extrema de algunas zonas, donde los niños morían de hambre e iban por la calle pidiendo limosna, golpeándose el estómago como símbolo de su necesidad. Era un país con notorias discordancias, donde el horror de la indigencia iba paralelo a la majestuosidad de los templos de Kajuraho y sus maravillosas esculturas eróticas, la ciudad abandonada de Fatepur Sikhri o el majestuoso Taj Mahal. Esa horrible sensación fue descrita por él en su ensayo “Turismo aconsejable”, publicado en Último round.

Parece innegable que la compañía de su amigo mexicano fue fundamental para sobrevivir al malestar de su estancia en India. Como lo refiere en una carta a Julio Silva:

Vivimos muy bien en casa de Octavio Paz, y su mujer, donde tenemos un departamento completo a nuestra disposición, sin hablar de los criados indios que no te dejan ni pegarle una estampilla a una carta, pues están misteriosamente a mano para adelantarse a todos nuestro deseos. Con Octavio llevo un mes y medio de charlas y discusiones que me enseñan una infinidad de cosas y me dan una perspectiva más justa de la India[10].

En una carta a Francisco Porrúa, comenta: “Lo pasé muy bien con Octavio Paz, que es uno de los hombres más inteligentes que he conocido entre los poetas; me enseñó mucho sobre budismo, nos pasamos largas veladas hablando de poesía y hasta haciéndola”[11]. Ellos y sus esposas recorrieron el país asiático, viendo tanto su pompa como su miseria, las penurias en Calcuta y el esplendor del templo del Sol de Konarak. Para ambos fue también una gran travesía que los alimentó intelectualmente e incluso los unió en la distancia, lo cual se evidencia en textos posteriores de los dos. En 1972, nutrido por la experiencia de su viaje a la India, publicó Prosa del observatorio, texto poético sobre las imágenes de Jaipur y Delhi.

En 1975 llegó a manos de Julio una revista mexicana de tiras cómicas con una aventura de Fantomas, uno de cuyos personajes era él mismo. El texto no le gustó, por lo cual decidió reescribirlo:

Decidí valerme de las imágenes, cambiándoles el sentido y agregando textos que mostraran cómo los genocidios culturales no son obra de algún loco suelto que incendia bibliotecas, como en esta historieta, sino que se trata de una maniobra perfectamente montada contra nuestras culturas y nuestras luchas por una soberanía material e intelectual[12].

Logró que esta nueva versión del libro se vendiera en los kioscos de barrio mexicanos, e incluyó una historia en la cual varios escritores del continente americano ayudaban a Fantomas a detener a los vampiros multinacionales; entre ellos se encontraban Susan Sontag, su gran amigo Octavio Paz y él mismo.

Luego de un distanciamiento por razones ideológicas las cuales, por fortuna, nunca llevaron a la ruptura de su amistad, escribió en 1971 el artículo “Homenaje a una estrella de mar”, donde afirmaba: “A lo largo de treinta años la obra de Octavio Paz ha sido para mí esa estrella de mar que condensa las razones de nuestra presencia en la Tierra”[13]. Esta larga y afectuosa devoción nos recuerda en 2017, los 103 años del natalicio y la maravillosa coincidencia de estos dos grandes maestros.

 

 


SOBRE EL AUTOR:

Foto Juan Camilo Rincón - Tomada por Jimena Cortés.JPG

JUAN CAMILO RINCÓN (Colombia) Periodista de la Universidad Externado, escritor e investigador literario y cultural. Publicó Manuales, métodos y regresos, Ser colombiano es un acto de fe. Historias de J. L.  Borges y Colombia, Viaje al corazón de Cortázar y Nuestra memoria es para siempre. Ha sido Invitado a Feria del Libro en Hidalgo (México), La Feria Internacional del Libro de Bogotá y la Feria Internacional del Libro de Cali entre otras; ha sido reseñado en la revista Casa de las Américas de Cuba y la publicación Variaciones Borges de la U. de Pittsburgh. Ha sido ganador de becas del Instituto Distrital de las Artes de Bogotá (Idartes), el Ministerio de Cultura de Colombia, Fondo Nacional para la Cultura y las Artes de México (FONCA) y Presidencia de la Nación de Argentina, y ha sido reconocido como una de las mejores crónicas del diario El Tiempo. Ha colaborado con medios colombianos y extranjeros como El Espectador y Televisión Iberoamericana (España).

 

 


[1] Paz, O. y Ríos, J. (1999). Solo a dos voces. México: Fondo de Cultura Económica.

[2] Nota del autor: estos dos escritores ya intercambiaban cartas afectuosas antes de la segunda visita de Paz a México, pero fue recién en 1959 cuando se conocieron personalmente.

[3] Bernárdez, A. (Editora). (2004). “Carta a Octavio Paz”. París, 31 de julio de 1956. Julio Cortázar. Cartas 1937 – 1963. Tomo I. Buenos Aires: Alfaguara. Pp. 337.

[4] Ibíd.

[5] Op. Cit.

[6] Paz, O. y Ríos, J. (1999). Solo a dos voces. México: Fondo de Cultura Económica.

[7] Centro Virtual Cervantes. “Los libros de Cortázar. Libros firmados. Octavio Paz”. Tomado del sitio web del Centro Virtual Cervantes: http://cvc.cervantes.es/literatura/libros_cortazar/libros_firmados03.htm Consultado el 12 de octubre de 2014.

[8] Cortázar, J. (1978). Territorios. México: Siglo XXI.

[9] Cortázar, J. (1969). Último Round. México: Siglo XXI.

[10] Cortázar, J. (2014). El último combate Julio Cortázar – Julio Silva. México: Editorial RM.

[11] Bernárdez, A. (Editora). (2004)  “Carta a Francisco Porrúa”. Teherán, 24 de abril de 1968. Julio Cortázar. Cartas 1964 – 1968. Tomo II. Buenos Aires: Alfaguara.

[12] Cortázar, J. (2014). “De Ernesto González Bermejo; Conversaciones con Julio Cortázar”. Cortázar de la A a la Z. Bogotá: Alfaguara.

[13] Cortázar, J. (1974). “Homenaje a una estrella de mar”. Los signos en rotación. México: Círculo de lectores.

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