#Reseña | Matilde debe morir de Cristian Acevedo, por Eme

#Reseña

 

Datos del libro:

Título: Matilde debe morir

Autor: Cristian Acevedo

Editorial: Bärenhaus, 2016

144 páginas

 

 

Pero no se da vida en vano a un personaje.

Criaturas de mi ingenio, aquellas seis vivían una vida

que era la suya propia y ya no me pertenecía,

una vida que ya no estaba en mi poder negarles.

Seis personajes en busca de autor, Luigi Pirandello

Por Eme

Con esta frase como epígrafe, ambientando, abriendo una puerta, empieza la primera de las cuatro partes de la novela Matilde debe morir, de Cristian Acevedo. Y yo aprovecho el pie (la obra) del italiano para hilvanar lo que en mi mente desarmé y ahora trato de contar.

Unos meses antes de que Matilde debe morir viera la luz, Acevedo resumió el espíritu de su obra en un solo párrafo: “Hace unos meses terminé de escribir una novelita. Rarísima. O, mejor dicho, poco convencional: un personaje que es el lector, un narrador bastante perverso, un autor del que apenas se sabe su seudónimo, una escritora que va a morir, un lector que deberá evitarlo. O no. Y disfruté mucho. Como un nene me ponía cada vez que me sentaba a escribir”. Estas palabras bastaron para que muchos tengamos ganas de leerla. Había que esperar. Pero el tiempo pasó, y ahora nos toca decir.

Como en Seis personajes en busca de autor, hay en Matilde debe morir mucho de dramaturgia: la forma en que se presentan los personajes, sus entradas y salidas de un bar como de un escenario, los diálogos. Y así se construye, en un borde filoso, en el límite entre la ficción y la realidad, un límite que aparece desdibujado o corrido o incierto. Sus componentes, los de la ficción y la realidad, necesariamente se mezclan, y si esto no sucede la historia no acontece. O acontece, pero no del modo esperado.

Un gran desafío para el autor, una provocación irresistible para el lector.

Me gustaron mucho los personajes, la forma de nombrarlos y las características personales de cada uno: el insulso de la mesa 4, con ese librito que nunca lee debajo del brazo; el bigotudo de la mesa 2, que pasa las tardes leyendo o haciendo que lee el diario de principio a fin; Valentín, el mozo, que mira a Matilde (¿con pasión, con rencor?). Y por supuesto la mismísima Matilde: cómo no encantarse con sus gestos, su soltura, su rutina de tardes de café, cuaderno y medialunas; incluso la angustia con la que escribe:

“Y, ajena a todo, (…) escribirá y tachará y seguirá escribiendo hasta antes de que anochezca.”

 

Hay, además, algunos aditamentos. Por ejemplo: Matilde escribe; en un descuido olvida sus papeles, y es así como nos enteramos de qué es lo que escribe. Un libro adentro de otro libro, un regalo del autor para lectores insaciables. Es también una novela llena de guiños (referencias a otras obras, alusiones sutiles a otros autores, etc.), y es casi imposible descubrirlos todos. Tal vez un día. Tal vez.

En el prefacio de Seis personajes en busca de autor, Pirandello habla de personajes “escapados prodigiosamente de las páginas del libro que los contenía” y que seguían viviendo por su cuenta. Personajes rechazados por su autor, el que les dio la vida y luego se las negó. En Matilde, el autor carga la mano, se atreve un poco más: es el propio lector quien deberá asumir el lugar de un personaje, y es el propio autor-en la voz de un narrador que intimida por el tono y por la cercanía que da narrar en segunda persona -quien incita al lector a ocupar ese lugar para que la historia pueda avanzar. Y uno, con la lectura iniciada y como lector curioso, como lector vanidoso que es, se sentirá tentado a hacerlo. A pesar de que se nos advertirá que el personaje que uno está a punto de ocupar es sospechoso, acaso culpable, de un asesinato.

Y aunque tuve alguna mínima duda, ésta se disipó: era un reto y lo iba a aceptar. Así fue que di vuelta la página y me senté en esa mesa de ese bar.

E hice bien. El absurdo y el caos son algunos de los recursos que Acevedo utiliza para ponerle humor a la historia sin restarle tensión. Me divertí muchísimo. Me divertí y me inquieté también: Matilde iba morir. Pirandello decía: “Todo lo que vive, por el simple hecho de vivir, tiene una forma, y por esto mismo debe morir…”. ¿Será así con Matilde o habrá alguna otra razón que justifique ese acto despiadado?

Disfruté la lectura un montón. Tanto que tuve que volver y releer. Volví con el mate y un lápiz dispuesta a subrayar esas frases que no pueden estar mejor escritas, esas que hay que subrayar: por simples, por ciertas. Queda mucho por decir, pero llegó el momento de tomar distancia y dejar que transcurra el tiempo, la historia, los personajes. Y es justamente el empleo del tiempo una de las cosas que más me gustó de esta novela. Aquí, el tiempo no es sólo un instrumento para marcar las horas que se suceden en ese bar: es casi una entidad, un personaje que no se ve pero se nombra. Reclama, tiene acciones y deseos:

el tiempo querrá recobrar estos segundos perdidos”.

Un tiempo que a veces hostigará y otras se detendrá. Como yo ahora, que detengo la escritura y me voy, (como siempre) robándome alguna frase. Me quedo con ésta, que encierra una revelación:

porque en él está lo inevitable…”

Qué será…


io (2)EME (Buenos Aires, 1970) Realiza tareas de difusión y producción en Revista Qu y también es columnista del mismo medio. Participa del armado y coordinación de las “Varietolas”. Le gusta tomar mate y leer en patas. Lee todo lo que le caiga en las manos pero si tiene que elegir prefiere autores contemporáneos. Participa de talleres de lectura y le encanta el submundo blogger.

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