#Reseña | Deslinde, de Debret Viana

#Reseña

La escritura como refugio

Título: Deslinde

Autor: Debret Viana

Editorial: Hojas del sur

Año: 2018

336 páginas

Por Angie Pagnotta

El escritor Debret Viana publicó su primera novela y cuesta creer que sea la primera pero así es. En Deslinde, el autor explora la profundidad, el humor ácido, la locura y la sensibilidad ante el mundo pero, también, configura una historia de amor que, a su vez, pueden ser miles de otras historias más.

El narrador nos va a seducir, esa es la primera sensación que podemos percibir con el transcurrir de las primeras páginas de Deslinde, primera novela de Debret Viana, joven escritor argentino que nació en 1981 y que antes había publicado antes Menos, un libro de cuentos y la Nouvelle Otro. Pero en esta novela que no parece tener el espíritu de las primeras obras, aquí no. 

Aquí tenemos a un personaje atrapado en un amor que dejó de ser pero, sin embargo, persiste y está presente. También asistimos a escenas locas, absurdas pero absolutamente verosímiles donde todo fluye perfecto gracias a la redacción trabajada y cuidada, a una redacción que fluye desde una forma que se desprende de los dedos, como si, en verdad, se desprendiera del centro del pecho mismo y eso mismo logra el autor.

Aquí, entonces, el narrador busca la esencia o la permanencia del conflicto para poder vivir, para hacerse fuerte y sobrevivir a sí mismo, en un lugar donde el discurso del amor y sus partes es permanentemente cuestionado y atravesado en un cuaderno donde el personaje principal va escribiendo el acontecer de sus días. Deslinde es, casi en primera instancia, la larga neurosis de todos los años de un amor, de todas las pasiones, de todos los fuegos y del encuentro entre dos partes sintetizado en un nombre, una incial: M. M, entonces, se convierte en todos esos lugares que habitamos y deshabitamos, que perdimos, que añoramos, que tenemos y que somos. En esta figura que se afirma y se desvanece en distintos planos y pesos, se vuelve monstruo y también refugio, por eso nuestro protagonista no tiene más remedio que apuntar todo lo que vive en un cuaderno que lleva consigo a todas partes. 

Hay una dualidad permanente en esta obra, la del abandono y también la del amor excesivamente loco y arriesgado, la de la frivolidad ante algunos sentimientos y la de la conexión espiritual y cósmica que sólo producen algunos choques, algunas personas. Pero todo este juego, este teatro ilimitado donde el narrador arroja sinceridades profundas, sentimientos crueles y también momentos de acidez que acolchonan el mar profundo que ocurre todo el tiempo, convierten a Deslinde en un pequeño-gran misterio que el lector querrá seguir investigando, seguir leyendo.

Hacia un poco más de la mitad de la novela, me pregunté como lectora si la extensión no era un modo escogido por el autor para meternos en la dureza de ese personaje, si todo el texto hasta ese momento no era una invitación al derrumbe del personaje. En cierta forma, luego de terminar el libro, pienso que sí. También creo que es hacia ese momento que un cambio abrupto modifica la realidad de nuestro personaje y, por ende, nuestra forma de continuar la lectura. Y lo celebro.

Las ausencias, los misterios, lo oculto dentro de la nuestra propia Matrix de las redes sociales y la vida real, se intensifican y se alimentan en esta novela donde no queda ajena la poesía, donde hay frases bellísimas que marqué furiosamente en el texto. Mariana Travacio en su epílogo lo sintetiza así: ‘‘A base de soliloquio memorables, Debret Viana, con la heroica obstinación del poeta, va detrás de esa ausencia como si en su exploración fuese posible desarmarla, negarla, rellenarla de sentido o de materia: una materia que fuese palpable y nos jurase que el amor existe, que no estamos solos y que el horizonte está, en efecto, al alcance de la mano’’. No puedo estar más de acuerdo con cada palabra de Travacio, este libro establece esa búsqueda y, sin dudas, trasciende ese margen.

En Deslinde su autor nos embriaga de un sabor oscuro, que por momentos linda lo patético, lo ermitaño, lo difícil y que en muchos otros instantes es gracioso, interesante, elocuente y sensible. Este libro es la historia de la omisión del amor, de lo que no se dijo a tiempo, de lo que pudo ser, de lo que, por capricho, voluntad o falta de interés postergamos y ahora, tal vez, nos arrepentimos, pero también es un cuaderno de escritura, un refugio donde la literatura y la escritura son el eje transversal del texto donde se conoce la intimidad de la palabra, del silencio y del poner en palabras todo aquello que debe salir del pecho o debe expandirse de alguna forma. Esta dualidad y este juego está tan bien logrados que creo que Viana será uno de los autores más interesantes que tendremos en éste y los próximos años. 

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