#Reseña | A la sombra de Beatriz, de Silvia Horowitz

Desaparición y locura A la sombra de Beatriz

Título del libro: A la sombra de Beatriz
Autora: Silvia Horowitz
Editorial: Letra viva
Año: 2016
127 páginas.

Por Victoria Mora

A la sombra de Beatriz de Silvia Horowitz es una historia que se inscribe en la mejor tradición de la novela negra. Ambientada en un psiquiátrico de mujeres en la Argentina de mediados de los ochenta, se ocupa de narrar la desaparición de una médica psiquiatra: Beatriz. El lugar responde a la lógica de encierro y locura que caracteriza a ese tipo de institución, el cuerpo que ya no está se fue sin dejar rastros en los caminos laberínticos de un sitio que lejos de recuperar hunde en la marginalidad, incluso a aquellos que están allí para aliviar los padecimientos de las internas. 

Desaparecer es un significante portador de resonancias tan enormes como duras para nuestra historia. El tiempo del relato no es ajeno a esta herencia. Un cuerpo que ya no está y un cadáver que no se encuentra son parte esencial de los poderosos engranajes que sostienen la novela.

Qué pasa con los cuerpos en un manicomio es una pregunta que resuena de manera permanente en estas páginas. Los cuerpos de las internas, que son material de descuido e incluso de descarte, pero también lo que pasa con los cuerpos de quiénes viven allí su vida cotidiana. Los profesionales que suelen asumirse como en la vereda opuesta de la locura no lo están del todo. Escribe Horowitz: “Entonces, cuando uno está adentro esa frontera empieza a desdibujarse y se convierte en algo más sutil: los que estamos adentro pero salimos cuando queremos y los internos, los que viven adentro. Los locos y los cuerdos. El guardapolvo ayuda a no confundirnos. Porque, con los años el personal se va pareciendo cada vez más a los pacientes.”

La autora elige comenzar este libro con una escena de internación, de modo de ubicar  allí umbral que se cruza del que ya no se sale igual, un umbral que se ubica con la huella a futuro de un para siempre, y eso vale tanto para las pacientes como para los profesionales. De este mismo modo el narrador recuerda a Beatriz: a partir de la primera muerte que ella tiene que vivir allí. “Se registró la ausencia en la historia clínica, como se hacía siempre. Nadie salió a buscarla. Esas cosas pasan. Una interna se pasea por los jardines, se resbala, se quiebra la cadera. Se queja, pero nadie la oye. Y se muere. Con suerte, de frío. Si no, de hambre. Esas cosas pasan. No es culpa de nadie. Yo le explicaba a Beatriz, pero ella meneaba la cabeza. No puede ser, repetía. Una chica sensible. Tal vez demasiado.”

En la desaparición de Beatriz se condensa una pluralidad de sentidos o sin sentidos que  van tejiendo una trama que no puede dejar de leerse, entre otras cosas, por el modo en que se construye el in crescendo que asciende la tensión línea a línea. Esta mujer comprometida que llega a insertarse en un equipo de guardia no está dispuesta, como ellos, a ser una testigo muda y resignada de lo que se vive intramuros. Se queja, actúa, se enfrenta al poder. Desaparece. Qué fue de ese cuerpo rebelde nos empuja a sostener una lectura ávida. Esta escritura es la de alguien que sabe de lo que habla, Horowitz es psiquiatra y psicoanalista. Pero además es la prosa de alguien que sabe cómo contarlo, construye poco a poco la atmósfera de una institución que no hace más que vigilar y castigar, como decía Foucault. Y Beatriz no queda exenta de esta lógica que la absorbe de manera irreversible. 

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