#Reseña | China, de Pablo Bilsky

Título: China

Autor: Pablo Bilsky

Editorial: Baltasara Editora

Año: 2018

168 páginas

Por Eme

Pablo Bilsky es profesor de literatura y se desempeña como periodista de política internacional, labor que lo ha llevado a países como Palestina, Israel, Grecia, Inglaterra, Cuba, Francia, Polonia, y muchos otros (aunque, como él mismo expresa –no recuerdo sus palabras exactas–: se viaja a ciudades, no a países). Lugares desde los que escribe informes y crónicas, pero sobre todo –digo yo después de leer su libro China, publicado por Baltasara Editora en 2018– lugares en los que aumenta su capacidad de asombro y su necesidad de darle sentido a lo que ve y no logra comprender del todo.

Al leer China siento que estoy estrenándome como lectora de crónicas de viaje, porque es como si fuese la primera vez que leo este tipo de narrativa: se me ensancha la mirada, me introduzco más allá del paisaje y más allá de las propias vivencias del cronista, porque en China no nos internamos sólo en una ciudad; también nos internamos en la vida de los “otros”.

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Foto: EME

Habitualmente, cuando pensamos en viajes, pensamos en placer, relax, comodidad y disfrute personal; no pensamos en el “otro” (ese que habita nuestro lugar de destino), o lo pensamos, pero como una atracción turística más (aunque suene duro y aunque no se diga). Y aquí, con palabras que despiertan mi propio asombro, Pablo me hace reflexionar y notar la diferencia entre el que viaja “bien alimentado y por propia voluntad” y los que tienen que “dejar sus hogares en busca de refugio en tierras extrañas”. Porque Pablo habla de lugares, sí, pero también habla de “otredad” y de “mismidad”, y me quedé maravillada, con ganas de comprender más y de desentrañar eso que, aunque está a la vista de todos, casi nunca vemos. En este punto hago un gesto con las manos, como anudándolas, y me digo que no tengo que decir más (por ahora).

En la introducción de China, Pablo describe la dificultad ante la que se encuentra como cronista: poner en palabras “lo indecible”, intentar traducir el asombro que le provoca esa “realidad” que el ojo percibe. Dice: “La divisa del cronista podría ser: fui, vi, y no entendí. Regresé, y encima osé escribir”.

Pero a pesar de esa dificultad, el autor consigue transmitir los hechos de manera clara, contundente, sin agobiar, dejándole al lector el aire suficiente para que pueda completar, con sus propios sentimientos y sensaciones el relato; o incluso, el nombre de alguna ciudad. Narra sus viajes como espectador y como testigo: es partícipe, está inmerso en el lugar, está mezclado entre la gente, pero no es protagonista, y de esta manera es como logramos captar el verdadero espíritu de sus palabras.

Gracias a los relatos de China pude visualizar –y así comprender claramente– lo que Pablo dice en la introducción acerca de la “otredad”. Cómo el capitalismo, a lo largo de los siglos y a pequeña y gran escala, utiliza esa “otredad” como mercancía y los viajes como forma de expansión para lograr sus objetivos.

En el libro conviven historias de personas que se vieron obligadas a dejar sus hogares y a enfrentar la más terrible indiferencia –mujeres que tienen frío, miedo y hambre y que en la calle piden pan: “En general no les dan ni siquiera un no. No las miran. Son como fantasmas ante personas que no creen en fantasmas, o que sí, que creen pero los niegan”–, con historias donde la algarabía estalla aún en la adversidad: gente que viaja apretadísima en colectivos –las “guaguas” de La Habana– de un modo imposible de imaginar, porque “la guagua no es pa’ uno solo, que todos necesitan la guagua”, dice el chofer, y entran más de los que pueden y si por un desperfecto el coche se detiene la gente simplemente se baja y empuja hasta que vuelve a arrancar y sigue viaje mientras todos ríen. “Resolver” e “inventar” dicen los cubanos, “solidaridad y resistencia colectiva” es lo que destaca Pablo y lo que deja absorto al visitante.

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Foto: EME

Pero estos son sólo dos ejemplos de las diversas historias que podemos encontrar en China, que en sus páginas condensa textos surgidos de los viajes del autor a ciudades de América, Europa y Medio Oriente. Muchas ciudades de muchos países; muchas… menos de China. Y ahí, así como al pasar, les regalo una intriga. 

Durante la lectura subrayé un montón: subrayé cuestionamientos, subrayé certezas, y también subrayé muchos párrafos que suenan a poesía, a pesar de la crudeza del relato. Incluso hay uno que comienza con un poema hecho y derecho, pero en realidad el texto en su conjunto es poesía triste, dolorosa, una herida en carne viva.

Y subrayé además por puro gusto, porque Pablo, para expresar la sutileza del ambiente en el que se encuentra, habla de “un silencio palpable” o de “la sombra de un aroma”. ¡Ah, los aromas! Qué importantes son los aromas como referentes de un lugar y cuánto espacio tienen en este libro.

Volviendo a lo anterior, los escenarios también pueden ser brutales. Así, Pablo dice cosas como “No hay lugar donde existir” o “El aire es como un hálito de fuego que se mete en el cuerpo. Arde y duele”.

Tuve aún otro motivo para subrayar: la necesidad de recurrir al diccionario, lo cual agradezco, porque hacía mucho tiempo que no lo visitaba. El autor, además de todo lo que ya mencioné, pone al lenguaje en movimiento.

Y así se me fue yendo el lápiz, creando un nuevo recorrido. Una ruta que me propongo tener a mano para poder continuar cada vez que necesite releer.

Termino como siempre, robándome una frase que a mí parecer resume el para qué de China:

“…construir sentidos desde una enfurecida ignorancia ante las cosas”.

Que así sea.


5189356a-d361-4129-b7f1-0a619e253e0fEME (Buenos Aires, 1970) es columnista y productora de Qu Revista (revista impresa de literatura y artes plásticas). Realiza tareas de difusión y participa del armado y la coordinación de eventos relacionados con la revista. Le gusta tomar mate y leer en patas. Lee todo lo que le caiga en las manos, pero si tiene que elegir prefiere autores contemporáneos. Colabora en la selección de textos, corrección y edición de diversos proyectos literarios. Realiza aportes para Revista Kundra y otros medios digitales. Le gusta escribir sobre lo que otros escriben y entrevistar autores. Participa de talleres de lectura y le encanta el submundo Blogger, donde bucea y escribe pavadas, en una o en varias líneas. Todo lo que no hizo lo está por hacer.

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