#Reseña | Don del agua, de Tatiana Goransky

Título del libro: Don del agua

Edición original: Gárgola, 2011.

Autora: Tatiana Goransky

Editorial: Evaristo Editorial

Año: 2018

144 Páginas

 

 Don del agua o el don de la palabra sumergida

 

Por Angie Pagnotta

 

‘La historia de Don del agua no puede escribirse con un solo registro, de una sola manera. Tatiana Goransky se vale para narrarla de los diarios de viaje o de las novelas de enigma; del discurso de investigación del periodismo, de la magia difusa de las fábulas o de la precisión racional de los estudios antropológicos”, dice Martín Kohan sobre este libro que narra la historia de una saga maldita, la de un rabdomante albino y sus dos hijos varones. Aquí se cuenta la historia de un capitán de un barco empecinado en dominar la respiración subacuática, y un buzo obsesionado por encontrar un tesoro imposible.

Busco con precisión el significado de la palabra rabdomante y me encuentro con que la rabdomancia es una actividad pseudocientífica que se basa en la afirmación de que los estímulos eléctricos, electromagnéticos, magnetismos y radiaciones de un cuerpo emisor, pueden ser percibidos y, en ocasiones, manejados por una persona, por medio de artefactos sencillos mantenidos en suspensión inestable (como un péndulo, varillas “L”, o una horquilla que supuestamente amplifican la capacidad de magnetorrecepción del ser humano’’), una definición un tanto compleja pero que basta para comprender mejor las cualidades del albino de esta novela.

Don del agua es —principalmente— una novela de aventuras. Aquí se construyen submundos a los que asistimos; donde nos sumergimos y nos dejamos atravesar colmados de un entretejido magistral y atrapante, porque Goransky se ocupa de que cada una de esas palabras estén en perfecta sincronía con la lectura, casi como en un canto de sirenas. Así, vamos entrando a un mar cada vez más profundo, donde lo fantástico y lo real se alimentan el uno del otro, y donde el misterio se consolida como parte importante de la trama. 

En una íntima conversación con su autora en un bodegón de Almagro, le pregunté cuál había sido el principal disparador de esta narración “Mi padre me contó la historia de un rabdomante español que podía encontrar agua desde helicópteros, sin ayuda de varillas ni otros instrumentos. Quedé muy interesada y, cuando me puse a investigar, me saltaron luces rojas por todos lados. Había algo que no podía dejar de pensar: los rabdomantes son o serán figuras importantísimas en el tiempo que nos toca vivir. Me acuerdo que corrí a mi estudio y lo escribí en un papel: en el tiempo en el que vivimos, en donde el agua es la mayor protagonista, ¿serán los rabdomantes los próximos dueños del mundo? ¿Tendrán los rabdomantes hijos rabdomantes? ¿Serán esos hijos seres nobles o temiblemente ambiciosos? De estas preguntas, que pueden parecer más o menos disparatadas, nació Don del agua.” Lo cierto es que de estos interrogantes surge una lectura posible donde se establece la importancia del agua en tanto material de unión y de consolidación de la trama.

Vuelvo a la soledad de mi propia lectura y una de las formas que aparecen en el texto es la de las bitácoras y cuadernos del Capitán donde —con lujo de detalles y observaciones nítidas— el personaje cuenta el paso de los días, las mínimas y grandes batallas climáticas contra el mar, los pequeños triunfos, la profunda soledad y los planes por venir. Allí, en esos registros, la autora nos pone cara a cara contra el mar y contra nosotros mismos, casi como si esas páginas las estuviéramos leyendo en la cubierta de un barco, o en un camarote, mientras asistimos —silenciosos— a los hechos. Esos naufragios donde el personaje se debate, naufragios que se vuelven propios, e incluso se vuelven tan personales que las vicisitudes de un hombre en el mar, enfrentando la inmensidad y las adversidades, se vuelven nuestras propias vicisitudes, porque en esta narrativa que propone la autora, se entremezcla el relato con los diarios, algo que —de inmediato— se nos revela personal y, por tanto, intimista.

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Otra forma de notar el enriquecimiento de la trama es la poesía que despiertan los paisaje, pero también lo es la poesía que se desprende de la forma en que está contada la trama. Hay frases fabulosas como “El mar aparece rizado formando olas en miniatura’’ o “(…) lo acompañarían durante largos meses hasta conseguir el tesoro que él verdaderamente estaba buscando: sobrevivir en el agua sin artilugio’’, así como también fragmentos únicos como: “Tensa calma. Algunos rezan para impedir el huracán. Yo les recuerdo que está prohibido rezar en mi barco’’. 

Con motivo de esta forma donde se entremezcla el diario íntimo con la narrativa, y ante la observación que —supongo, el lector advertirá— hay en Don del agua un eje de información previa a la escritura y, luego ese mismo material fue tamizado por la autora. Tras su voraz pluma éstas página se convirtieron, entonces, en una novela. A propósito de esto, Goransky explica: “Empecé por redactar un diario de navegación que se sostuviera por sí mismo. Después, lo entrelacé con un universo inspirado en novelas de aventura y misterio. A eso le sumé un discurso periodístico que intenta dar cuenta del texto como un todo, y mucho material histórico. Es un libro que oscila entre el mundo racional y el de la superstición. ’’

Don del agua abre las puertas de un universo que promete sumergirnos en un mar que no olvidaremos.

 


El libro se consigue en EVARISTO EDITORIAL  y lo distribuye LA COOP (Bulnes 620, CABA)

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