#Reseña |Nunca terminamos de conocernos

Datos del libro:

Título: Nunca terminamos de conocernos

Autora: Silvia Itkin

Editorial: Ediciones La Parte Maldita

Año: 2018

118 páginas 

Por Giselle Aronson

A veces es necesario dejar que el tiempo transcurra para apreciar la belleza de las cosas. Entonces, uno puede leer la frase “Ha envejecido tan lentamente que está igual. Todavía es una vieja linda” y conmoverse. Es una frase del cuento “Aguas subterráneas”, el que abre el libro Nunca terminamos de conocernos, de Silvia Itkin, publicado este año por Ediciones La Parte Maldita. En esas palabras, como en lo que trasluce la trama, en su forma, en su letanía, aparece lo bello, al igual que en los nueve textos que conforman el primer libro de cuentos de la autora. 

La muerte, la vejez, la soledad (la soportada y la buscada), el abandono, el dolor amoroso, la carencia del exceso, son las temáticas que aborda y que, a pesar y a instancias de su universalidad, y aún cuando coincidimos con el título del libro, siempre pueden reescribirse y siempre podemos encontrar miradas y perspectivas nuevas. 

Nunca terminamos de conocernos es un libro que bien podría ubicarse en la biblioteca junto a los de Lucia Berlin y Alice Munro. Sus tramas y personajes podrían dialogar perfectamente. 

La rabdomante de “Aguas subterráneas”; la hermana que sostiene, -aparentemente incólume-, de “Me cuesta creer que te pueda pasar algo triste”, la hija que intenta ubicarse en la extraña e inevitable realidad, -¿realidad?-, de un padre muerto de “Qué cosa el silencio”. En este libro, todos los personajes están en un borde, por allí se deslizan, oscilan, intentan sostener un equilibrio precario. Parecieran discurrir en un plano distinto, a centímetros del piso.

A pesar de que nunca terminamos de conocernos, tenemos la sensación de que ya conocíamos de antes a los personajes, podríamos identificarlos con familiares, amigos, nosotros mismos. Los vemos desplazarse. Los conocemos a través de la cotidianeidad de sus movimientos, sus pausas y dilaciones. 

También escuchamos otras voces, los sonidos que los envuelven: el viento, los bocinazos, un portazo, la lluvia, la tecla de la luz, el ascensor.

Hay frases inconclusas que no terminan de formular lo que se prefiere callar y acaban, de todos modos, enunciando. 

El silencio es el gran protagonista de estos nueve cuentos. Silvia Itkin ha escrito un libro de silencios. ¿Cómo se logra esto? Habrá que leer Nunca terminamos de conocernos para descubrirlo. 

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