Inzombio y relatos fantasmas - Revista Kundra

#Presentaciones | Inzombio y relatos fantasmas

Compartimos el texto que el escritor Jorge Consiglio escribió para la presentación de Inzombio y relatos fantasmas, firmado por el colectivo VyZ (Hernán Bergara y Sandra Gasparini), ocurrida en Buenos Aires, en marzo 2019. Este texto es una propuesta de lectura pero también un buen reflejo del panorama literario actual.

Por Jorge Consiglio

En “Los cumplidos del candidato”, el cuarto de los nueve relatos que conforman Inzombio, el narrador se planta y afirma: “La belleza es oscuridad”. Y esta oración, por su peso y por su resonancia, no es efímera dentro de su marco, sino más bien todo lo contrario: sobresale, brilla. Se plantea como el nodo de un sintagma mayor que se expande desde el comienzo hasta el final del libro. Lo que nominan estas cuatro palabras parece simple, pero es de una enorme complejidad. Porque, en realidad, esta oscuridad que define a la belleza –y que resulta un ingrediente tan indispensable para su esencia que llega a la tautología. Repito: “La belleza es oscuridad”− forma parte de un sonido, un tono que se consigue a través de una alquimia indescifrable en este texto. Es decir que el primer puerto al que se llega con Inzombio tiene que ver con el desconcierto y está bien que así sea. De esta forma se debe plantear un relato fantasma, no un relato de fantasmas, sino un relato fantasma. Hay cosas que no van a poder ser nombradas, que van a permanecer inciertas, entre veladuras, como si fueran ecos, desvaríos de un espacio cóncavo, parece afirmar el texto. Y a partir de esta opacidad –o, mejor, de que el relato asuma esta opacidad− se irá organizando la miel pervertida de los relatos. La actitud narrativa, entonces, tendrá que ver con el rodeo, con la digresión y con los ambages. No habrá líneas rectas en Inzombio sino triangulaciones, no se procurará cancelar el sentido con un término o un concepto sino evocar, aludir, insinuar y a través de esos recursos llegar a un clímax; ese será el gesto, aun cuando por momentos, los narradores jueguen a la precisión, a la exactitud y a la claridad. Esta disposición hacia el merodeo –cuya sustancia es la elipsis− tiene relación directa con uno de los núcleos de estos relatos: la aberración, porque detrás de ese desvío, de ese corrimiento –que es la aberración−, se dirige Inzombio.  Y lo hace con una prosa impulsiva, exaltada, pasional. Se lleva por delante al lector, lo atropella con su camión discursivo. Además, es una prosa omnívora, se abastece de todos los registros posibles para alcanzar la tensión que pueda mantener en vilo al “monstruo estético”, tal como lo nombra el propio texto; sin embargo, toda esta vehemencia no es mera torrencialidad gratuita, sino que este frenesí está contenido por un pulso y regulado por un criterio (sincrónico). Uno de los hallazgos del libro radica, justamente, en la pericia de este narrador bifronte para sintonizar el dial de la escritura de manera tal que la intensidad de la prosa no sature, pero que al mismo tiempo no pierda potencia ni exaltación. Cito otra vez el texto: “Hasta la desmesura más inimaginable y brutal es una medida justa. Pero para eso hay que saber, y saber es alejarse de las cosas que sin embargo es imposible sacarse de encima por tenerlas adentro. Hay quienes lidian bien con esa paradoja, eso es saber.” Justamente se da aquí el caso: lidiar con una paradoja con sabiduría. El ademán es épico y subversivo: la palabra de VyZ permanece encrespada, en crisis. Es una música de cremalleras, un ardor, una batalla de alacranes. De esa forma, se desmarca de hábitos retóricos y de topos lingüísticos para organizar un sistema propio –absolutamente autónomo− que establece su dialéctica con el entorno. 

Hace un momento, usé la noción de monstruo estético echando mano a una expresión que aparece en el texto. Este fenómeno, este monstruo estético creado por VyZ, está caracterizado por la ambigüedad. La trama que le da cuerpo avanza en zigzag y lo vuelve escurridizo, incierto. Cada relato, como si fuera un engranaje de dientes imprevisibles, está compuesto por oraciones que son una constante puesta en abismo de la trama. Se hilvanan unas a otras –las oraciones− con una cadencia que parece espontánea y crecen –levan, sería el verbo adecuado− hasta que el conjunto, el relato propiamente dicho, llega al borde de sí mismo. Lo notable es que todo el tiempo, la tensión del texto está al límite y este suspense genera un nuevo concepto de intriga que se contrapone con el tradicional. Es una intriga más atomizada, podría decirse; una intriga que tiene más en cuenta el vínculo que une una oración con otra que la develación de los datos que la economía del texto administra. Por eso los argumentos estallan o saltan de paroxismo en paroxismo. En “Body alien”, por ejemplo, se narra la historia sexual entre Dalia y un venusino que conoce en el colectivo. O en “Los cumplidos del candidato”, los avatares de Trevor, el candidato, en un mundo filoso y directo. O en “La tubería y el country”, los caprichosos rumbos de una tubería llevan a una plomera hacia una residencia suntuosa en la que tendrá experiencias sexuales con, entre otros, una narcomodelo. Entonces, vuelvo a lo que dije hace un ratito, estos relatos son –como bien se anuncia desde la tapa− relatos fantasmas y no relatos de fantasmas; la omisión de la preposición marca la relación del texto con un género del que se nutre, pero que al mismo tiempo desborda. La noción fantasmática en Inzombio radica en la escritura misma y no tanto en la trama. El fantasma viene a asediar a los vivos, a aterrorizarlos, para dejarles en claro que hay cuestiones que no están bien, que el orden de la presencia está atravesado por velamientos, conjuras y traiciones. Eso mismo sucede con la escritura de estos relatos compuestos desde la hibridez (dos cabezas ensambladas) y en busca de la hibridez. Esta andanza determina, como no podía ser de otra manera, un esmalte lingüístico en el que resuena el vacío. Un vacío muy particular, un eco más bien, una voz que habilita nuevos ámbitos determinados por la incerteza, la opacidad y la fluctuación. Sustantivos, los tres –incerteza, opacidad y fluctuación−, impregnados con un almíbar fantasmal. Y es sabido que los fantasmas aparecen cuando quieren y al hacerlo producen un quiebre brutal de la habitualidad. Irrumpen de golpe y generan el sobresalto. De la misma forma se presentan los relatos de Inzombio. Acometen, patean el tablero y hacen saltar las fichas para todos lados. Leo solo dos ejemplos. El primero es del cuento que abre el libro, “El lobo (precuela y secuela)”. Las primeras oraciones son: “Quería sencillamente romperle el culo y decirle te amo. Se lo dijo mirándola firmemente a los ojos. Pero se sorprendió cuando ella le respondió que aceptaba solo si él la dejaba rompérselo también”. El segundo ejemplo es del cuento “La máquina de tercerizar”. Dice: “No se porta bien con las mujeres. Total es poderoso. No sabemos quién se lo habrá enseñado, porque la mamá nada que ver. El poder enseña mucho más que la mamá”. De esta forma se abre el universo narrativo en estos textos, se corre la cortina de la trama –para usar una figura teatral−; sin embargo, a pesar de la brutal contundencia, nunca pierden el ingrediente volátil e inestable que constituye, a mi entender, la sustancia que mejor define a estos textos y que los relaciona con figuras tales como el reverbero o la emanación. El reverbero o la emanación: estas dos figuras son las que flotan en el libro y lo vuelven salvaje e inasible. Estas dos figuras son las que hacen de estos relatos fantasmas textos desaforados y nutritivos, textos –en otras palabras− que uno no puede dejar de disfrutar desde la primera oración hasta la última. De modo tal, que no existe otra alternativa, amigos, que correr a comprarlo y guardarse en algún lugar seguro para leerlo con avidez, casi con codicia.

 

El libro se consigue en: Librería Antígona del Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543, CABA, y Mercado Libre. -Delivery de Baldíos en la Lengua a través del whatsapp de la editorial (gratis a CABA y todas las zonas del Gran Buenos Aires): +5491136027556 o al 4793-8211. -Efectivo contraentrega: baldiosenlalengua@gmail.com

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s