#Reseña | “Covers” de Claudio Dobal

Por Sebastián González

Título: “Covers”

Editorial: Hemisferio Derecho 

Año 2017

128 páginas

Claudio Dobal nació y se crió en Bahía Blanca. Padre y profesor de literatura en escuelas secundarias del barrio Noroeste y ayudante de docencia en la cátedra Literatura Contemporánea II de la Universidad del Sur. Publicó el libro de relatos “Botero”.Fue Codirector de la posición —Literatura y política— y trabajó, entre otras, en la revista cultural “Dazebao”, donde pudo despuntar su vicio por la historieta. Participó, y participa, en diferentes grupos de investigación universitarios, con los cuales ha editado algunos volúmenes compilatorios sobre temas como la memoria, la violencia y el humor. Hace poco fue invitado a dar un par de definiciones chanchas para el diccionario “Eam intra habes” editado por HD. Actualmente, codirige y produce en la revista digital “Nexo”, artes y culturas de Bahía Blanca.

Hacer foco en lo desenfocado:

Los epígrafes nos dan un pequeño adelanto —y el detalle no es para nada fortuito—, Oyola, Carver y Perec conceptualizan lo que viene, lo que Claudio Dobal va a desplegar a lo largo de más de cien páginas.

Perec habla de anotar lo que pasa cuando no pasa nada. A mí lo que me pasó, hoja tras hoja, es ver fotos. Imágenes con un objetivo claro y mucho contenido desenfocado, y un autor que cuenta historias prescindiendo de la imagen central. 

El detalle en las acciones, en las descripciones, en lo que la mayoría de las miradas ignoran y en eso que pasa muy lejos. Los giros del narrador para identificar o generalizar a los personajes. He ahí lo relevante y lo atrapante de Covers; el hechizo de la escritura de Dobal. Porque lleva la observación a un nivel tal que te permite a ver la escena, sin por eso generar tedio. Menos hacerte sentir que está todo dado, te brinda ese espacio que necesita la imaginación de todo buen lector. Te mantiene alerta todos los sentidos, porque las historias desde el contexto: todo lo que se vea, se toque o se escuche, irá hilvanando cada relato. A modo de ejemplo: “yo vuelvo a lo mío aunque el trapo ya está seco y el líquido me quedó lejos. afuera la cantidad de autos es mucho menor. algunos están parados en las veredas de la avenida mientras sus ocupantes compran algo de comer, o revisan las vidrieras de los negocios que ya cerraron hacer rato”.

No, la transcripción está bien. La ausencia de mayúsculas es una decisión estética de esas que pueden tomar quienes conocen los recovecos secretos del idioma. 

A lo largo de cinco relatos, la narrativa de Dobal despliega un arsenal de variantes para ahondar en detalles de diferentes maneras, alejada siempre de la saturación y llegando  a contar historias haciendo foco desde el desenfoque.

Cita del libro:

“…por la ruta provincial que está detrás del cerco grande de tamariscos y eucaliptus, más allá de los terrenos baldíos que todavía se llaman campos y pertenecen a uno o dos apellidos, aceleran algunos pocos camiones. van  de paso y no frenan en ninguna de las dos rotondas que dan acceso al lugar. no es del todo claro, pero dado el silencio general, acompasado solo por el correr del agua y el gorjeo de los pájaros, el sonido que cada uno hace se hace inteligible y hasta casi se podría adivinar, por la rapidez de la dispersión del eco, si llevan granos, animales, o si van vacíos”.

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