Reseña | Dispersos y fugaces, de Sebastián Vega

Título: Dispersos y fugaces
Autor: Sebastián Vega
Editorial: Remitente Patagonia
Año:  2018
páginas

El texto sabe distinguir palabras. Discurre en el límite de términos que bien podrían funcionar como sinónimos, y eso revela algo evidente y olvidado: los sinónimos son culturales. Lo disperso y lo fugaz, si empezamos por el título, desarman, tan juntas y tan lejanas, la lógica del sinónimo en esta la primera virtud del libro. Pero esta edición está acompañada por ilustraciones de Martín González y Lucas Drago, que hacen (especialmente este último) lo contrario de distinguir: integran figuras muy distintas en una misma composición, como si no existieran sinónimos pero porque no existen dos cosas. Claro que decirlo parece sencillo. Pero el libro no es para especialistas sino para lectores desarmados y atentos.

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¿Es este un libro de poesía o de prosa? Es un bestiario de la gramática y del idioma. Y es un vestuario, una zona de mudas, un ejercicio que no llega a ser juegueteo, o que es juegueteo hasta el advenimiento de una melancolía que cimenta el tono niño de este libro. Niño por no todavía escolar, por amplio en su despliegue de juego. Pero niño endemoniado, poseído por los muchos idiomas: italiano, inglés, francés, japonés. Es un libro adulto de dispersión infantil, un libro infantil de fugacidades adultas. El sobrenombre del autor es ineludible aquí: el viejo vega. Escribir, como un viejo, un libro joven, a contramano de nuestra tradición de ser jóvenes y escribir con el sedentarismo sacerdotal de los viejos. 

Existe un patrón gráfico, que se replica además en las formas del escrito: los asteriscos. Tanto en la ilustración de tapa como en el interior del texto al separar idiomas, el asterisco recuerda, junto con el uso de números, a ese juego infantil de “unir los puntos”, es decir constelar. Y constelar es imaginar allí donde no parecía haber ni fundamentos para una imagen. Pues también es esto lo que ocurre aquí: tradiciones filosóficas, líneas amorosas, fragmentos de nostalgias todavía no resecas, escenas de una vida propia desconocida que pide pista como quien pide existir: porque sí. Todo esto, que no es un todo pero que puede serlo (es la fluctuación más interesante, creo yo, del escrito), parece estar (y no estar, en ese juego infantil de “seguir los puntos”) animando la composición o la dispersión. El peso intermitente de la pluma de Vega, es decir un texto más bien escrito en Morse, se deja aprender sin sistema, pero no leer, al menos no en los términos de los actuales textos que quieren lecturas banalizadas, despolitizadas, que disimulan gritando (el fin de la infancia, lo que ya en la propia infancia no era infantil, era el grito como autoridad, el grito como pura ley). Si la utopía del escribir es transformar lectores, llevarlos del grito al silencio, tenemos aquí una contribución.


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Hernán Bergara: Escritor y compositor musical. Desde hace diez años está radicado en la ciudad de Puerto Madryn. Publicó su primer libro de relatos, Papeles (2011), y en 2016, El Manual de Fluctuaciones, traducido y presentado en Tokio, Japón, y reeditado en edición cartonera por la editorial trelewense El Piche Cartonero en 2018. En 2017 publica, junto con Marcelo Eckhardt y David Fiel, Cajón desastre, ensayos ajenos a operaciones académicas obligatorias. Estudia detenidamente la obra de Alberto Laiseca.  

 


Foto portada: Andisheh A

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