#Narrativa | Visitas, por Kalton Harold Bruhl (Honduras)

#Narrativa

Visitas

Por Kalton Harold Bruhl

Teresa siempre había odiado a su tío Roberto. Estaba segura de que lo había odiado durante todos sus once años de vida. Su madre lo adoraba. Es mi hermano favorito, decía a cada momento. Teresa detestaba sus visitas a la granja. Él le pedía que se sentara en sus rodillas y ella debía volver el rostro para evitar las arcadas que le provocaba su aliento. Se cubría disimuladamente la nariz, pero de alguna manera el hedor lograba colarse. Cuando su tío comenzaba a acariciarle la espalda, ella siempre buscaba una excusa para marcharse. El tío Roberto bajaba las comisuras de los labios y ladeaba la cabeza. Estoy seguro de que mi querida hermana no querrá enterarse de que su hija no me tiene ningún aprecio, le decía. Teresa se detenía de pronto y apretaba los puños. Imaginaba el castigo que le impondría su madre y el rencor a su tío la hacía entrecerrar los ojos. No me importa, resoplaba y se marchaba corriendo. Su tío Roberto se echaba a reír. Ya aprenderás a ser buena conmigo, murmuraba en la sala vacía.

Teresa extrañaba a su padre. Desde que había muerto, las visitas de su tío eran más frecuentes. Tenía el mal presentimiento de que, tarde o temprano, su tío se quedaría a vivir con ellas. Una granja es demasiado trabajo para ti, hermanita, decía su tío y se ponía las manos en la cintura al tiempo que se balanceaba sobre los talones. Teresa hacía rechinar los dientes y corría hacia lo más profundo del bosque en los linderos de la granja.

Regreso a la ciudad, había dicho su tío. La madre de Teresa había llorado. No te preocupes, hermanita, había dicho él mientras le pasaba un brazo por el hombro, volveré en una semana. Traeré el resto de mis cosas. Teresa dejó caer el vaso de leche que estaba a punto de llevarse a los labios. Su madre ni siquiera se dio cuenta, estaba palmoteando como una niña. Teresa salió por la puerta de la cocina y se dirigió a su refugio en el bosque. Estaba arrojando piedras a las ramas de un árbol cuando la descubrió su tío. Así que este es tu escondite, le dijo con una desagradable sonrisa. Los labios de Teresa se convirtieron en una línea fina. Ahora será nuestro escondite, agregó su tío. Su sonrisa era todavía más desagradable. ¿Por qué no empiezas ya a ser buena conmigo?, preguntó mientras extendía una mano. Teresa retrocedió. Su tío intentó asirla por un brazo, pero tropezó en una de las raíces. Teresa rio al ver su expresión de desconcierto durante la fracción de segundo que duró la caída. Su tío estaba tendido de frente con el rostro oculto en un matojo de hierba. Teresa siguió riendo hasta que el dolor en el estómago la obligó a detenerse. Se limpió las lágrimas con las puntas de los dedos y dejó escapar un par de risitas ahogadas. Su tío seguía inmóvil. Empujó uno de sus costados con la puntera de un zapato. Nada. Lo empujó con un poco más de fuerza. Todavía nada. Le dio varios puntapiés. Ninguna reacción. Se inclinó cerca de la cabeza de su tío y apartó la hierba con las manos. El matojo ocultaba una piedra redondeada que ahora estaba cubierta de sangre. Teresa se levantó de un salto y se cubrió la boca con las manos. Debía pedir ayuda. Entrecerró los ojos. Creyó haber visto algo extraño. Se inclinó hacia adelante. Uno de los dedos de su tío comenzó a moverse. Era un ligero temblor. Teresa corrió a su casa y se encerró en su habitación. Esa noche no quiso salir a cenar.

Tres días después, Teresa se sirvió un tazón de cereal y salió al patio. Su madre la alcanzó. Ella bebía una taza de café. Este fin de semana vendrá tu tío Roberto, le dijo su madre, no puedo creer que de verdad venga a quedarse con nosotras. Teresa fijó la mirada en dirección al bosque. ¿No estás feliz?, le preguntó su madre. Teresa vio la bandada de buitres que trazaba unos delicados círculos en el cielo y le dedicó a su madre una enorme sonrisa. Claro que estaba feliz.

 


Portada: Allef Vinicius


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Capture d’écran 2015-03-07 à 16.37.40Kalton Harold Bruhl (Honduras, 1976) ha publicado los libros de relatos El último vagón (2013), Un nombre para el olvido (2014), La dama en el café y otros misterios (2014), Donde le dije adiós (2014), Sin vuelta atrás (2015), La intimidad de los Recuerdos (2017), El visitante y otros cuentos de terror (2018), La llamada (2019); Novela: La mente dividida (2014).  Es premio Nacional de Literatura “Ramón Rosa” y miembro de número de la Academia Hondureña de la Lengua, Correspondiente de la Real Academia de la Lengua. 

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